Volvamos a empezar

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    La visita del canciller haitiano, Claude Joseph, se supone orientada a mejorar los nexos entre los pueblos que comparten la isla. Al final no sabemos si fue para bien o para mal.

    De bueno tiene la decisión de reactivar la comisión mixta bilateral, escenario que siempre se asume ideal para dialogar sobre los asuntos comunes. La historia nos cuenta que cada cierto período se “reactiva”, pero nunca jamás se reúne.

    La habitual inestabilidad en Haití impacta el seguimiento. Y con cada cambio de gobierno allá, la comisión queda en el olvido, hasta un nuevo comienzo. Estamos ante un problema que tiene que ver con la institucionalidad en ese país. Es un problema estructural de la sociedad haitiana.

    Un asunto práctico acordado es la renovación de los bornes o pirámides fronterizos, que marcan los límites de los dos territorios. Es un asunto que podría materializarse con un sentido práctico, pero tendrá que haber una voluntad recíproca. Pero igual estará lastrado por la inestabilidad de la que hablamos.

    Y obviamente, la visita del canciller Joseph se inscribe en el ánimo de mejorar las relaciones, pero sus declaraciones a la agencia española de noticias Efe fueron poco afortunadas.

    Declaró: “Hemos sido claros con el canciller dominicano en que hace falta descartar esa narrativa negativa del discurso oficial. No es bueno para Haití ni para la República Dominicana”. Fueron poco diplomáticas, dadas en medio de una visita, en el territorio nacional, y precedidas de algunas referencias del presidente Luis Abinader sobre el papel que debe jugar el lado dominicano respecto a los problemas de Haití. Está más que claro que no podemos cargar con todos los problemas haitianos.

    Se ha dicho que la visita del canciller haitiano al Palacio Nacional no fue muy grata, pues su pronunciamiento se produjo previamente. Si es así, no se puede hablar de un balance positivo.

    Es una pena. Al partir parece dejar una montaña de hielo en el corredor fronterizo en vez de un cálido apretón de manos.

    De todas formas, y al margen de esa declaración, debemos seguir conviviendo, y tratar de que sea de la mejor forma. Tantos asuntos comunes nos obligan a una relación constructiva. Volvamos a empezar.

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