Divorciarse es más fácil que aprender a convivir

Hay algo que las estadísticas no dicen, pero que sus números permiten que nos preguntemos: ¿en qué momento como sociedad comenzamos a tener más facilidad para ponerle punto final a una relación que para encontrar la manera de sostenerla?

Los datos de la Oficina Nacional de Estadística (ONE) sobre 2025 revelan una realidad que merece ser discutida. En República Dominicana se registraron 24,711 divorcios. De estos, 16,252 fueron por mutuo consentimiento y 8,459 por incompatibilidad de caracteres.

Santiago encabeza la lista cuando se trata de divorcios por incompatibilidad, con 2,045 casos, dentro de un total de 4,486 separaciones registradas en la provincia.

Más allá de las cifras, estamos frente a un fenómeno que refleja los profundos cambios experimentados por la sociedad dominicana. Las relaciones de pareja ya no se construyen bajo los mismos parámetros de décadas atrás.

Cambiaron los roles, las expectativas, la independencia económica, la manera de comunicarnos y, sobre todo, la percepción que tenemos sobre lo que significa permanecer juntos.

Hoy existe mayor libertad para decidir cuándo una relación debe terminar. Y eso, sin duda, representa un avance cuando se trata de proteger la dignidad y el bienestar de las personas. Pero también plantea otra interrogante: ¿estamos desarrollando las mismas capacidades para construir, negociar y resolver los conflictos dentro de una relación?

Dos personas pueden amarse y, al mismo tiempo, tener diferencias profundas. Pueden discrepar sobre dinero, crianza, familia, trabajo, tiempo, prioridades y proyectos de vida. La armonía no consiste en eliminar esas diferencias, sino en aprender a manejarlas sin convertir cada desacuerdo en una batalla.

Vivimos, además, en una época marcada por la inmediatez. Queremos respuestas rápidas, soluciones rápidas y relaciones que funcionen sin demasiado esfuerzo. Las redes sociales han añadido nuevas presiones: comparamos nuestra vida cotidiana con versiones cuidadosamente editadas de la vida de otros y, en ocasiones, terminamos creyendo que una relación saludable debe ser permanentemente perfecta.

Mientras tanto, en 2025 se registraron 40,750 matrimonios en el país. La institución matrimonial, por tanto, no está desapareciendo. Lo que está cambiando es la manera en que las nuevas generaciones entienden el compromiso.

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