El delito no tiene pasaporte

En el expediente sobre la presunta red criminal “Las Dormilonas” -que, según la acusación, habría sedado a hombres en centros de diversión para luego despojarlos de dinero, prendas y tarjetas bancarias- los imputados son todos colombianos. Eso no cambia la gravedad del supuesto delito, pero sí deja una lección incómoda: el crimen no se explica por nacionalidad, y el debate público no puede convertirse en vigilancia selectiva sobre “una” sola comunidad de migrantes.

La justicia penal debe enfocarse en los hechos, en la evidencia y en el debido proceso. Pero el debate social no puede permitirse atajos. Delitos como la presunta sedación y robo -conductas que ponen en riesgo físico y patrimonial a las víctimas- exigen respuesta firme del sistema. Eso incluye, además de medidas de coerción, investigaciones diligentes y decisiones judiciales con celeridad. No obstante, al mismo tiempo, el país debe acordar un principio básico: el delito no tiene pasaporte, como tampoco la criminalidad no se hereda por nacionalidad.

Por eso es importante mirar a todas las comunidades migrantes que inciden en este momento en el país: colombianos, venezolanos y, sí, también los haitianos, que constituyen una parte significativa de la población.

Porque muchas veces el discurso público se centra en una sola, en “los haitianos”. Y, a propósito de lo ocurrido con esta presunta red criminal “Las Dormilonas”, hay que abrir los ojos y hablar con claridad. En la actualidad conviven en el país más de 11 millones de habitantes y, además, personas extranjeras de diversas nacionalidades que aparecen en los titulares de noticias, muchas veces por hechos que no nos enorgullecen. Esas mismas personas también han sido capaces de ejecutar acciones delincuenciales graves que merecen todo el peso de la ley.

De acuerdo con el expediente acusatorio, esta red criminal captaba a sus víctimas en restaurantes, discotecas y hoteles de sectores como Naco, Bella Vista y la Zona Universitaria.

Nuestras autoridades deben tener cero tolerancia con la violencia, la extorsión y el engaño, no importa de donde venga, sea de un dominicano, un venezolano, colombiano o haitiano; solo esperamos que la justicia actúe con el rigor que establecen nuestras leyes para estos casos.

El que delinque debe responder, sin importar de dónde venga. Y las comunidades migrantes, todas, deben ser tratadas con respeto, claro; siempre y cuando no infrinjan la ley y se ganen el respeto.

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