La primera oportunidad

A los 18 años experimenté por primera vez lo que era recibir un salario por un trabajo realizado. Fue una vivencia casi “religiosa”: no por el monto -que no era grandilocuente-,sino por lo que significaba.

Ese primer cheque en mis manos era prueba de que el esfuerzo no siempre cae en saco roto. Y, sobre todo, me ayudaba a pagar la universidad, un compromiso que asumí con mi padre, quien hizo las gestiones para conseguir para mí la oportunidad de trabajar como digitadora en el centro de cómputos de la Junta Central Electoral.

Han pasado muchos años desde aquel primer empleo, pero la marca sigue ahí. No fue un camino perfecto ni rápido. Llegué a esa posición siendo una joven sin experiencia en el área, con lo único sólido: los conocimientos adquiridos en cursos, la disciplina aprendida a fuerza de insistir y la disposición real de aprender en serio. Aun así, esa oportunidad me permitió construir un perfil laboral y, desde entonces, no he parado de trabajar.

Hoy miro a muchos jóvenes con deseos sobrados por demostrar de lo que son capaces. Hay quienes se preparan con seriedad, se gradúan con honores y aun así no logran su “primera oportunidad”. No por falta de capacidad: a veces es la suerte-esa puerta que se abre- la que determina el inicio del futuro. Y ahí empieza la injusticia que suele disfrazarse de “selección natural”.

En el sector público existen programas que intentan atacar el problema del acceso laboral. En el área privada, el panorama es desigual: hay empresas que realmente miran a las personas jóvenes para formarles y crecer con ellas; pero también hay otras que solo buscan un recurso humano a bajo costo.

Peor aún: cuando aparece una candidatura joven con un currículum impecable, en demasiados casos ni siquiera llegan a evaluarla. Se decide antes de escuchar.

Mayo, el mes del trabajo, debería servir para algo más que una frase repetida en fechas conmemorativas.

Deberíamos poner los ojos en estas brechas entre generaciones que todavía se sostienen y preguntarnos si estamos construyendo oportunidades o solo escogiendo “ganadores” ya fabricados.

Mientras algunos jóvenes apuestan a hacerse “ricos” con los like, otros se parten el alma para graduarse y poner su talento al servicio del crecimiento del país. La pregunta no es quién sueña más fuerte más bien es quién recibe la primera oportunidad.

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