Peatón: al que nadie respeta

A propósito de que este día se conmemora en todo el mundo el Día del Peatón, sería oportuno detenernos a pensar en las dificultades que enfrenta una persona para transitar por las calles de una ciudad como la nuestra.

Partamos de algo básico; el peatón es toda persona que se desplaza a pie, en silla de ruedas, patines o cualquier otro dispositivo de movilidad por las vías y espacios públicos. Y hay algo todavía más elemental: en algún momento del día, todos somos peatones.

Salir a nuestras calles, muchas veces, parece un acto de valentía. Desde que ponemos un pie en la vía pública debemos sortear motocicletas que circulan por donde no deben, suben a las aceras o aparecen de manera inesperada. A esto se suma otro problema cotidiano: aceras ocupadas por comercios, talleres, vehículos estacionados y todo tipo de obstáculos que obligan al peatón a bajar a la calle y exponerse al tráfico.

Entonces cabe preguntarse: ¿qué lugar ocupa realmente el peatón en nuestras ciudades? Durante años hemos escuchado la expresión despectiva de que “el peatón es un p…”, como si quien camina fuera el último en la cadena de prioridades y careciera de derechos frente a motores, vehículos privados y transporte público.

Pero los datos muestran una realidad preocupante. Según registros del Observatorio Permanente de Seguridad Vial de la República Dominicana (Opsevi), los atropellos a peatones ocuparon el segundo lugar entre los tipos de siniestros viales mortales, con un 10.6% el pasado año. Detrás de cada cifra hay una persona, una familia y una historia.

En 2018, el Instituto Nacional de Tránsito y Transporte Terrestre (Intrant) puso en marcha “Peatón Seguro”, un plan para mejorar la movilidad peatonal en importantes intersecciones del Gran Santo Domingo y otras ciudades.

Algunas de esas soluciones todavía funcionan. La pregunta es inevitable: ¿por qué no continuar y ampliar este tipo de iniciativas?

La seguridad vial no puede depender únicamente del peatón. Se necesitan aceras transitables, cruces seguros, señalización, iluminación, fiscalización e infraestructura.

Claro que el peatón también tiene deberes: respetar las señales, utilizar los pasos establecidos, evitar distracciones y cruzar de manera responsable.

Pero no podemos pedir prudencia a quien muchas veces se ve obligado a caminar por la calle porque la acera está ocupada.

Ojalá que el Día del Peatón nos recuerde que caminar por nuestras ciudades no debería ser un acto de supervivencia. Porque, al final, todos somos peatones.

Posted in En voz altaEtiquetas

Más de opiniones

Más leídas de opiniones

Las Más leídas