Según una leyenda de la mitología griega, cuando el dios Zeus quiso vengarse de la humanidad creó la primera mujer llamada Pandora, a quien entregó una tinaja y le prohibió abrirla. Al parecer, justo ese impedimento activó su curiosidad y fue el detonante para incumplir el mandato, por lo que la abrió y desató así las desgracias del mundo. Una vez reconocido su error, procedió a cerrarla y retuvo sólo la esperanza (que por eso es lo último que se pierde) la cual había quedado rezagada en el fondo cuando todos los males se habían marchado.
Si bien la figura femenina queda reflejada, otra vez, como la culpable de todos los pesares -desde la tentación de Eva a Adán con la manzana, hasta la pérdida de la fuerza de Sansón por Dalila- la historia refleja que la mujer es astucia, cuestionamiento del statu quo y búsqueda de las respuestas, más allá de la superficie, aunque pueda provocar tempestades en el intento. No se deja imponer restricciones y puede exponer sorpresas inesperadas, es intuitiva y sagaz porque las reglas de la normalidad no se le aplican. Nada la detiene cuando de un objetivo determinado se trata y no hay barreras que detengan sus propósitos cuando dijo que por ahí irá, ni las limitantes económicas, ni los prejuicios sociales, tampoco los obstáculos intelectuales. Es la heroína de su propia historia, indetenible y persistente.
Fuerte ante las turbulencias y firme en sus convicciones, nadie le forma criterio y para obtener su favor hay que convencerlas, nunca pretender doblegarlas. Por eso las eliminan, porque su naturaleza no es débil como pudiera aparentar su contextura, porque su mente vuela más alto que sus posibilidades reales y porque antepone su corazón al pensamiento resurgiendo de sus cenizas cuando se supone esté aplastada.
Siempre atenta a los demás, anteponiéndolos a su propio bienestar, soñadora incansable, gaviota de muchos cielos con el optimismo de un mejor horizonte, aunque le cueste tiempo tomar el rumbo de la libertad. Frecuentemente incomprendida, pero implacable en sus juicios de valor y cuando toma una decisión, ya no hay vuelta atrás.
Los golpes podrán marcar su cara, pero nunca derribar su coraje para seguir adelante, grande ante mentes pequeñas, incansable, insondable, imparable y a veces, cambiante cuando toca serlo. Su brillo es tan imponente que deslumbra a su alrededor y cuando la mediocridad de un compañero intenta descenderla a su nivel porque la ve como una amenaza, toma la fatal decisión de apagarla antes que intentar parecérsele o acompañarla en su vuelo porque no se trata de violencia, es frustración, ante un ser que no puede controlar y sabe superior a él.
