La Fe

Una palabra corta, apenas la unión de una consonante y una vocal, breve, pero profunda, significativa como pocas, con mayúscula porque no debería considerarse genérica. A pesar de su brevedad, representa el sentimiento que hace que las esperanzas no se pierdan, la creencia firme de que alguien, más allá de nuestras fuerzas y limitaciones, puede con todo y nos dará el impulso para lograrlo en el tiempo que Él decida sea más conveniente, justo en el momento que toca, ni antes ni después.

Es la convicción de que al final del túnel habrá una luz que resplandezca sobre la oscuridad, la certeza de que cuando se quiere, se puede, aunque las adversidades del momento no parezcan hacerlo posible. Esa llama que se mantiene encendida pese a los ventarrones, insistente aún bajo tormenta, latente, aunque todos digan lo contrario. No se aprecia a simple vista, pero se siente desde el interior, porque trasciende las explicaciones comunes, traspasando las debilidades humanas cuando se cree que todo se ha perdido. El espíritu que se mantiene vibrante bajo las capas del desaliento o la desesperación como una pequeña semilla de mostaza que, aunque pequeña, dará los mejores frutos, siempre que se le permita germinar con el tiempo y abonando con la oración.

Esa que aguarda en el corazón de una madre cuando el resto ya ha abandonado toda posibilidad de redención, aquella que se conserva cuando la ciencia ya se rinde aplicando todo su saber o la que en una enfermedad hace aferrarse a la vida porque es la tabla a qué sostenerse en medio del naufragio, la que mueve montañas y la que mantiene la voluntad del hombre en causas que se daban por imposibles.

No es el conjunto de creencias dentro de una religión determinada que busca exhibición o ese espectáculo para adorar en que se aparenta una falsa divinidad con la envoltura de fantasía; en cambio, es la seguridad de que toda obra para bien, aunque no se note desde el principio, que tras cada experiencia traumática hay un aprendizaje y de que no hay abandono posible cuando nuestra naturaleza terrenal no es suficiente, por ser esa ancla de la tierra que nos sostiene firme desde el cielo.

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