Todo cuanto resulte oportuno decirse sobre la dialéctica vendría a ser puro diletantismo filosófico, ya que se trata de un tema muy escabroso e inveterado como la propia existencia de la humanidad en el globo terráqueo, máxime en la ocasión cuando el escribidor sólo muestra incesante curiosidad por la gnoseología, tras reconocerse como nesciente, sin imitación alguna del aserto délfico, cuyo contenido puso de manifiesto en Sócrates el talante de hombre sabio por antonomasia, debido a que preconizó el imposible categórico sobre la absolutez del conocimiento.
Así, urge significar que la disciplina filosófica objeto de estudio ha sido exornada con diversos apelativos adjetivados y epónimos, tales como dialéctica socrática, bautizada como mayéutica, pero cabe incluir otrosí la aristotélica, eleática, sofística, heurística, kantiana, hegeliana y marxista, entre otras categorías descriptivas u ornamentales, aunque en la ocasión resulta conveniente abordar la prohijada en el caletre intelectual de Aristocles de Atenas, amante de la sabiduría mejor conocido por el apodo de Platón.
Del numen filosófico de Aristocles de Atenas, quedó para la posteridad un inmenso caudal de obras literarias sobre diversos tópicos de interés general, escritas bajo la modalidad dialógica, pero los críticos sitúan la República con sello muy relevante, donde dejó plasmado el proyecto político para la mejor gobernanza, pero en cuyos libros sexto y séptimo el eminente autor vino a referirse a la dialéctica que lleva la etiqueta platónica, epónimo reivindicativo de quien fuera escolarca de la academia, escuela que dio acogida como discípulo sobresaliente a Aristóteles de Estagira.
En efecto, de la obra que nos sirve de causa material para semejante trabajo epistémico, la dialéctica platónica denota dualidad semántica, ya que puede verse como método, saber o ciencia, pero desde mucho antes tal palabra sin apelativo alguno también significó arte, técnica o procedimiento, usado a la sazón en cualquier tipo de interacción comunicativa, sobre todo, en aquella dotada de matices filosóficos, pero además era el instrumento apropiado de la razón y a todo experto del lenguaje le permitía nombrar las cosas del mundo real e ideal.
Como método filosófico, la dialéctica platónica, en igual dimensión de la mayéutica socrática, tal como se desprende de la lectura de los libros sexto y séptimo de la República, le permite a todo amante de la sabiduría buscar e indagar para entonces hallar, descubrir o captar la esencia, la razón, la idea o naturaleza de las cosas existentes en el mundo físico, célico, sideral o cósmico.
De por sí, el método dialéctico en su vertiente platónica, tras tomarse en cuenta todo cuanto ha sido dicho, viene a cobrar validez universal, pues en la estratigrafía sobre el conocimiento, deja establecido que el alma adquiere afectación cognoscitiva mediante las tres vías adquisitivas del aprendizaje, las cuales son inteligencia o intelecto, pensamiento discursivo o representación intuitiva y creencia o conjetura, de donde proviene la opinión.
De semejante línea estratigráfica, las disciplinas de los números pares e impares y de las ecuaciones calculatorias, tales como matemática, aritmética y geometría, adquieren valor propedéutico o preparatorio para el estudio de la dialéctica. Esto así, debido a que eleva el alma desde el mundo físico hacia las entidades ideales, pero en el pensamiento discursivo o de representación intuitiva, tras basarse en hipótesis o supuesto sin justificación tangible, entonces el filósofo capta algo parecido a cualquier imagen onírica de la realidad.
De igual manera, el método dialéctico en su perspectiva platónica descarta también que el saber sistemático, supremo, absoluto o universal pueda lograrse de los objetos opinables, derivativos de la creencia o conjetura, según el símil de la caverna, donde a la persona se le impide ver la luz, por cuanto le resulta imposible conocer la esencia, razón, naturaleza o idea de las cosas existentes en el entorno real o celestial.
Finalmente, el filósofo logra conocer la esencia, razón o idea de las cosas, usando el método dialéctico, con función tripartita, cuya primera fase consiste en la integración que permite construir un sistema cognoscitivo, dando pábulo a la correspondiente fundamentación, a través de la interconexión entre objetos sensibles y entidades inteligibles y posteriormente la coronación que dota de explicación racional a todos los saberes particulares, trayendo consigo la visión conjunta o sinóptica, implicatoria del conocimiento holístico, mientras que el bien constituye el principio unificador.
