Baja la calidad del debate

En las últimas semanas, el debate político entre gobierno y oposición, se centra en tres figuras, el presidente Luis Abinader que acusa y responde a las críticas de los expresidentes Danilo Medina y Leonel Fernández.

Los temas de construcción de obras y los precios de los alimentos, han dominado. Sin embargo, las respuestas más duras de Abinader son contra Fernández, por razones obvias. Abinader mandó a Leonel a pelear con la FAO por sus críticas a las cifras del gobierno. Leonel contestó en un artículo en Listín Diario y en respuesta, Abinader le hizo una nueva oferta, cubrir sus gastos para un viaje a Roma, Italia, sede de la FAO.

La forma de Abinader referirse al expresidente no se corresponde con la actitud de opositor decente que Fernández ha tenido con el gobernante, incluso accediendo a llamados de diálogo.

Además le quita solemnidad y respeto a la figura de la Presidencia de la República y al Palacio Nacional. Incluso, cambia la naturaleza de La Semanal al convertirla en una tribuna política, a pesar de que se dijo que no se trataría ese tipo de temas en ese espacio.

Penosamente, Leonel se dejó provocar y así lo evidencia en el título de su artículo, tanto en el espacio, periódico, como en los términos que usó: “Pollo Index: entre cocote, molleja, pata y asadura”.

En lugar de usar términos de acuerdo al perfil de político culto que bien se ha ganado, como hígado en lugar de asadura, se dejó arrastrar al nivel de sus adversarios. Fernández pudo haber dicho lo mismo, pero en otro espacio y otros términos (y quizás otros actores), pues no parece que el 1% de la población que lee periódicos, se sienta atraída por ese tipo de titular.

El expresidente Fernández debe cuidar lo que sus adversarios políticos siempre han querido opacar de él, la superioridad de sus ideas, cultivadas por la búsqueda constante del conocimiento, que lo hacen distinto a su generación política y le ganaron la admiración de figuras como Bosch, Balaguer y Peña Gómez.

Por eso, también lo admiran seguidores y adversarios. Perder lo que lo hace diferente, sería convertirse en uno más.

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