Al PRM, por su historia vinculada directamente al PRD, lo persiguen algunas sombras. Tres fantasmas básicamente, el de la división, crisis económica y poblada.
Rafael Santos, dirigente veterano y conocedor de los intríngulis de los antiguos blancos, describió recientemente lo que significaría una división. Dijo que es igual a volver al infierno de la oposición. Por eso aconsejó a sus compañeros del PRM que no se dividan, pues sería el boleto para un pase directo al infierno, que resulta peor que el purgatorio que define Dante en la Divina Comedia.
El fantasma de la crisis económica persigue al PRM porque tiene el estigma del PRD. El Gobierno le huye como el diablo a la cruz a hacer ajustes en la economía que generen disgustos momentáneos a la población.
Cuando se habla de aumento de precios (aunque sea por razones externas, como ahora), el Gobierno entra en pánico, pero no parece que la esencia de la preocupación sea compasión con los afectados, sino más miedo a un posible brote de ira colectivo, aunque no esté justificado.
El Gobierno sufre un ataque de nervios cuando el sube el dólar, es un tema tabú para el PRM por lo que ocurrió en 2003 durante el gobierno del PRD, y que la gente aún no olvida. Es tanto lo que el Gobierno le corre a ese tema que, según algunos análisis que se escuchan de economistas bien reputados, que si el Gobierno sigue corriendo de los problemas económicos (el toro que no es), podría quedar atrapado por el toro que sí es.
Por cierto, mucha gente se quedó buscando la situación de desborde que hay en Haití que necesitó la presencia del presidente en las Fuerzas Armadas el domingo de Resurrección. Pues parece que fue un movimiento estratégico por temor a una supuesta poblada, que nadie tiene en agenda, pero vive como un fantasma en la mente del Gobierno.
Una vieja costumbre de los PRD hoy PRM, es desacreditar a sus compañeros de partido. Las campañas de difamación en redes sociales a dirigentes y funcionarios del PRM no cesan y, lo peor, cada uno tiene una carpeta repleta de papeles como prueba de que el daño proviene de sus propios compañeros de partido político.
