En uno de sus ya habituales movimientos de coyuntura, que procuran sacar de las llamas las castañas de la improvisación que regurgitan a diario ante la imposibilidad de digerir o concretar algún plan estructurado o bien pensado, el PRM envió una comisión a visitar a los partidos políticos opositores con la falsa idea de buscar apoyo para enfrentar el impacto que en el ámbito de la economía de nuestro país tendría la guerra en Irán. Pero como veremos y se ha hecho costumbre, no llevaron una propuesta base para la discusión; un documento que por lo menos mostrara una leve orientación, una visión, aunque fuese borrosa, para marcar el punto de inicio de un diálogo que pudiera conducir hacia salidas de consensos.
Sus manos vacías se debieron, en primer lugar, a que este es un gobierno sin propósitos, surgido de un partido que entiende el poder como un fin en sí mismo; y, en segundo lugar, a que como precisamente carecen de objetivos y han convertido la gestión en una maraña de infinitas improvisaciones que requieren constantemente de parches, han desarrollado y madurado habilidades manipuladoras -que encuentran recipiente en una oposición ingenua o con intereses ocultos- que se convierten en encerronas tan efectivas que logran involucrar a las formaciones opositoras en las medidas impopulares para no cargar con su responsabilidad de gobierno. Y así, en el caso específico de los encuentros Gobierno-oposición, la administración jugó a enmascarar la crisis que ya, debido a su incompetencia y el mal manejo de los recursos públicos con fines electorales, sufría el país. Con resultados probados en el pasado, montó en el “diálogo” a la ingenua oposición para continuar en la lógica de socializar los fracasos y privatizar sus “éxitos”.
Puesta la oposición en el centro del debate a partir de la ronda de visitas, el gobierno le pide sacrificio al país. Pero en el paquete incluye las próximas elecciones, aunque a primera vista no parezca. Bajo esa orientación propone rebajar el 50 por ciento de la financiación del Estado a los partidos para dejarlos sin recursos, mientras ellos disponen -a derroche- de los recursos públicos y de sus conocidos soportes del bajo mundo para aplastar a la oposición: una jugada que apuesta a aturdir al liderazgo opositor ahora para aplastarlo en el venidero torneo electoral. Sin embargo, a pesar de las “parvuladas” de algunos dirigentes de las formaciones opositoras, el PRM y el Gobierno deben saber que no están jugando solos en el tablero, aunque cuelen parte de sus tentáculos en algunos espacios ajenos, facilitando negocios y utilizando a tontos útiles que se creen importantes cuando reciben llamadas desde los despachos del poder de turno.
Una simple evidencia cronológica muestra cómo esta administración fue perfeccionando la práctica de distraer y repartir culpas sociales con sus convocatorias a “diálogos”. Su primer ensayo se produjo mientras se estrenaban en el poder en el marco de una crisis pandémica que parecía justificar la acción política. El 3 de septiembre de 2020 los funcionarios del sector salud compartieron con la oposición las medidas que tomarían. Nadie cuestionó. El respaldo fue total a pesar de escándalos posteriores que, por indulgencia ante la situación sanitaria, fueron ignorados. En agosto de 2021 se convocó a la sociedad organizada -incluyendo a los partidos- al Consejo Económico y Social (CES) con el propósito de discutir 12 reformas institucionales que luego se ampliaron a 16: agua, educación, electoral, eléctrico, laboral, seguridad social, salud, migración, seguridad ciudadana, transformación digital; en fin, que lo que se pretendía -argumentaban- era mejorar la institucionalidad. Pero también, y esto se vendía como marginal, una “posible” reforma constitucional que, en concreto, era el objetivo fundamental como finalmente ocurrió.
En marzo de 2023 el Gobierno vuelve a convocar, esta vez para un Pacto Nacional por la Soberanía. Aquí el propósito claro, bastante obsceno, fue instrumentalizar la crisis haitiana por sus efectos y su impacto migratorio en el país, con fines estrictamente reeleccionistas. La conclusión: no se firmó ningún acuerdo, los encuentros estuvieron marcados por desencuentros, pero se entretuvo a la oposición y se vendió como “un acto de madurez política”. En octubre de 2023 hubo una especie de reedición del anterior con el título “Pacto Migratorio”. Objetivo: instrumentalizar el tema con el mismo propósito de la anterior. Con el brazo caliente y conscientes de la efectividad de sus “diálogos” con la oposición y la sociedad, en mayo de 2024, en medio de escándalos de corrupción en el Minerd, se convoca al Diálogo Educativo. La distracción pareció ser el propósito.
Las mascaradas y distracciones se sucedían con habilidades prestidigitadoras, y en mayo de 2025 el CES volvió a convertirse en el escenario del circo gubernamental inaugurado durante la pandemia hasta que llegamos al más reciente acto. El común denominador en todos es la ausencia de pactos, planes colectivos o la implementación de políticas públicas resultantes de estos.
