Las mayorías

Las mayorías se imponen al resto como ola aplastante, no necesariamente por tener razón, sino en función de la fuerza que les otorga la cantidad que representan, aunque no por eso, estén del lado de la sensatez. Ciertamente, el número garantiza arrinconar la disidencia a fuerza de una proporción que prevalece frente a los demás, implanta su parecer sobre los que no estén de acuerdo y hace oídos sordos a sus protestas porque, dada su posición dominante, se consideran infalibles. La democracia no existe en una orquesta donde un grupo numeroso toque la melodía y solo ellos puedan ejecutarla, por entenderse que quien no la siga desafina con la nota principal. Entonces, se prefiere callarlo antes que darle algún espacio o peor aun, se le ignora por completo, como si no existiera, para que, ante la impotencia, decida voluntariamente abandonar su postura.

Lo vemos en las grandes y pequeñas corporaciones y en toda agrupación que aglutine intereses en común, cómo una idea genial o una sugerencia atinada se ahoga en el mar de la indiferencia de quienes comandan el conjunto para que sea su voz y no la del otro la que pueda prevalecer. En efecto, un socio minoritario es menos que nada cuando el porcentaje superior silencia sus propuestas con el voto y solo le queda dejar constancia de su inconformidad como un ejercicio solitario de conciencia y de sinceridad.

Ser portador de la mayor porción del pastel hace pensar que se es intocable y que ese porcentaje es invariable en una masa que, si bien impulsa su avasallante proceder, también puede cambiar de parecer y asumir una posición diferente cuando decida inclinar la balanza hacia aquel que en su momento se creía insignificante. Ocurre en las instancias políticas que dominan los poderes públicos y dan la espalda a los que en la distancia lucen inútiles pasando por alto que ese privilegio es cíclico y podría caer justo en las manos de aquel cuya opinión se desechó.

Se apuesta a ganar por cansancio al que en la multitud no alcanza a ser escuchado en el ruido de la generalidad, por más razonables que sean sus criterios. Recuérdese que, dictadura no es solo un gobierno, también la forma autoritaria en que las decisiones se concentran en una colectividad reducida que se ha convencido de tener la única verdad y, si bien esas réplicas son más frecuentes de lo que se quisiera, no puede olvidarse que esa facultad es temporal porque eterno, solo es el reino de los cielos.

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