Mamá, mi mayor bendición

Mi mamá nació un 27 de febrero. Y siempre he sentido que no es casualidad. Porque así como ese día nació una patria libre, también nació una mujer valiente, fuerte y llena de dignidad.

Mi mamá se quedó viuda muy joven. La vida le dio un golpe duro, inesperado, de esos que cambian todo en un instante. Se quedó con el dolor en el pecho y una gran responsabilidad en las manos: nosotros.

Y aunque fue muy difícil… nunca nos soltó.

Sacó fuerzas de donde no tenía. Trabajó sin descanso. Lloró en silencio muchas veces, pero frente a nosotros siempre fue firme. Se convirtió en mamá y papá al mismo tiempo. En guía, en sustento, en abrazo seguro. Nunca permitió que sintiéramos abandono, aunque ella por dentro estuviera reconstruyéndose.

Su amor fue más grande que el miedo.
Su fe fue más fuerte que la tristeza.
Su compromiso con nosotros fue inquebrantable.

Nos enseñó con el ejemplo que rendirse no es una opción. Que el trabajo dignifica. Que la familia se defiende. Que la fe sostiene cuando todo parece derrumbarse.

Mamá no solo nos crió. Nos formó. Nos dio valores, carácter y alas para volar, pero también raíces para no olvidar de dónde venimos.

Hoy, en su cumpleaños, no encuentro palabras suficientes para agradecerle. Porque todo lo que soy lleva algo de ella. Mi fuerza viene de su lucha. Mi perseverancia viene de su sacrificio. Mi manera de amar viene de su ejemplo.

Mamá, tú eres mi orgullo.
Eres la historia más hermosa que puedo contar. Eres la prueba viva de que el amor de una madre puede más que cualquier adversidad.

Feliz cumpleaños, mi guerrera hermosa.
Que Dios te regale salud, tranquilidad y muchos años más para abrazarte y decirte cada día cuánto te amo, Patricia Reyes.

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