Las críticas, para algunos, son una de las cosas más dolorosas, sobre todo, cuando más que construir su finalidad es la de destruir o dañar a la otra persona. En general, resulta difícil aceptar los comentarios de quienes nos rodean cuando no nos resultan favorables, cuando constituyen cuestionamientos a nuestras acciones.
Es difícil aceptar que se está equivocado, que nuestras decisiones más que una solución han sido un agravante del problema. Pero aun así, no es sencillo admitir el error. Es quizás por eso que una gran mayoría decide ignorar las opiniones y críticas de los demás. Por eso, no piden consejos, ni preguntan a nadie antes de actuar.
Han decidido vivir a su manera, hacer y decir lo que les parece, sin preocuparse de lo que otros digan o piensen.
Unos lo logran completamente, otros, solo fingen frente a los demás, pero en soledad, o ante un puñado de personas de su plena intimidad, no pueden ocultar cuan afectados se sienten. Cuanto les importa el que dirán.
También es verdad, que siempre nos han dicho que vivimos en sociedad y por lo tanto existen reglas y normas de convivencia que deben ser acatadas y respetadas por todos. En ese sentido, una frase, muy repetida principalmente por algunas madres y abuelas, y que resuena en lo más profundo de nuestro ser, es aquella de que: “solo a los sinvergüenzas no les importa lo que digan los demás”. Algo así y por ahí, una serie de recomendaciones para exhibir una buena conducta ante los demás.
Sin embargo, no se trata de dejar de ser uno mismo, solo por seguir las reglas, tampoco quiere decir que la gente comience a hacer o a decir todo lo que se le ocurra, sin medir consecuencias, ni respetar el espacio y la dignidad de las demás personas. Es precisamente cuestión de respeto.
Cada uno tiene el derecho de vivir como mejor le parezca, procurando para sí todo lo que considere le hará feliz, sin invadir, ni perturbar la tranquilidad ni la felicidad de los demás.
Todas las acciones y conductas no siempre serán las mejores, no todos estarán de acuerdo, no todas las opiniones serán favorables y eso es normal. Lo que a unos hace feliz, posiblemente a otros no les resulte tan bueno y es comprensible. Por eso somos distintos, por eso la vida está llena de opciones diversas, de distintos colores y matices.
Todos tienen derecho a ser felices y a procurar esa felicidad por las vías que consideren más pertinentes y placenteras, lo que definitivamente no es aceptable, es lastimar a otros para lograrlo.
Del mismo modo es inaceptable, pretender ignorar las normas sociales que nos imponen cordura, respeto y decoro.
Esas que nos llaman transitar por la vida por el camino que nos corresponde, sin invadir el carril contrario, sin tratar de imponer a otros nuestras voluntad, pero sin dejar que las críticas mal intencionadas de otros se conviertan en un obstáculo para alcanzar nuestra paz y disfrutar de nuestra reducida cuota de felicidad.
