Migración con sistema digital, pero gestión fallida

Migración con sistema digital, pero gestión fallida
Migración con sistema digital, pero gestión fallida

En pleno siglo XXI, la Dirección General de Migración parece que operara allá por los años 90. Al menos eso sentí. Aunque dispone de plataformas digitales, correos institucionales y canales en línea para gestionar solicitudes, la realidad es que gran parte del proceso migratorio termina en largas filas, respuestas tardías, y como si fuera poco, los nombres de quienes no tienen respuesta terminan anotados a mano en cuadernos, como si la tecnología la tuvieran solo de adorno.

El problema no es solo técnico, también es de gestión. No basta con subir documentos en una plataforma si luego todo depende de cuadernos, filas y correos sin retorno. La transformación digital no puede ser solo un discurso institucional, el ciudadano tiene que vivir la experiencia.

El caso del venezolano K. Gilberto Serrano ilustra la situación. Cuando faltaban dos meses para el vencimiento de su carnet de trabajador temporero en el país, decidió iniciar con tiempo la solicitud de renovación a través del portal oficial. Subió todos los documentos requeridos y siguió el procedimiento indicado. Amigos, le habían advertido que los trámites estaban tomando hasta cuatro meses.

Al cumplirse el plazo, vencerse su carnet, y ante la presión de su empleador, Gilberto comenzó a acudir personalmente a Migración, donde lo único que han hecho es anotarlo en un cuaderno (experiencia que presencié), como a tantos otros solicitantes. Seis meses después de haber iniciado su solicitud a través de la página web, aún no ha recibido respuesta.

El año pasado, este tipo de gestiones se resolvían en un promedio de 15 días. Hoy, paradójicamente, con la tecnología a su alcance, los procesos toman más de cuatro meses. Y cuando se consulta el estatus en línea, la única respuesta es una frase que ya se ha vuelto parte de los extranjeros en el país: “En evaluación”.

La Dirección General de Migración tiene el reto de adaptar sus procesos a las exigencias de un país moderno. Esto implica voluntad política, eficiencia administrativa y, sobre todo, respeto al tiempo de quienes, como Gilberto, cumplen con los requisitos y solo esperan una respuesta dentro de un plazo razonable. ¡Ojo con eso, Dirección General de Migración!

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