Ante el modelo de gobernar de Luis Abinader de no impulsar los proyectos que resultan impopulares, llueven las críticas de diversos sectores. Así fracasó el intento de reforma fiscal y la intención de explotación de la mina de Romero.
Para justificar las críticas se toma como referencia, la actitud del expresidente Danilo Medina de seguir adelante con el proyecto de Punta Catalina, a pesar de la campaña que se montó para desacreditar el proyecto.
También refieren a la determinación de Leonel Fernández de construir el Metro de Santo Domingo a pesar de la oposición al proyecto en influyentes sectores de la opinión pública, comunidades y transportistas. El Metro es la obra de infraestructura más importante que se ha construido en el país y el principal sistema de transporte.
Ciertamente, el líder de un país debe ponderar cuándo decidir por la presión de la calle y cuándo no, pues dirige al pueblo, no al revés.
Dicho esto, quienes consideran que Abinader debe imponer la explotación de la mina de Romero basado en el éxito de Danilo y Leonel, podrían incurrir en un error.
La historia de la minería en el país es que una empresa aprovecha el oro, se enriquece más y a la comunidad le queda el pasivo ambiental y la contaminación de sus aguas.
El Metro es una obra y ofrece un servicio, transporta más de 100 millones de usuarios al año. Punta Catalina es una obra, ofrece un servicio y aporta alrededor de 720 megas al sistema eléctrico. La minería solo deja pasivos y la imagen que tiene la población es la de Cotuí, que da grima y hasta pesadillas.
Por tanto, la determinación de Danilo y Leonel para impulsar sus proyectos estrella, en poco tiempo convirtió los pasivos iniciales en activos para su legado histórico. Hasta ahora, la minería genera pasivos políticos, sin posibilidad de convertirlos en activos para el legado histórico. No es lo mismo, ni es igual.
