Papel por bienes reales: privilegio exorbitante en agonía

Mientras el resto del mundo invierte energía, consume materias primas y desgasta fuerza de trabajo para producir bienes, Estados Unidos adquiere esos productos imprimiendo papel moneda. De este modo, intercambia un signo de valor sin respaldo material por mercancías con valor real, creadas por las fuerzas productivas externas. Esto se traduce en un desequilibrio sistémico, donde una moneda respaldada únicamente de forma institucional se canjea por bienes con un valor intrínseco que no se corresponde, en absoluto, con el costo del papel y la tinta. ¿Parece que uno estafa al resto? Es el privilegio que, tras el abandono del patrón dólar-oro -del que se sospecha que nunca fue del todo real- creado con los acuerdos de Bretton Woods, resurgió al imponerse el petrodólar.

El inciso que lanza dudas sobre el real funcionamiento de una moneda estadounidense respaldada por un oro que se supone se encontraba en bóvedas bien resguardadas en territorio estadounidense, encuentra sustento en una especie de ola de desconfianza iniciada por Francia. Tras los excesos en los gastos de la guerra en Vietnam, que condujeron a la Reserva Federal a imprimir más dólares de los que permitía el metal dorado pactado a un valor de 35 dólares por onza, el país europeo tomó de sus reservas el papel moneda impreso en Estados Unidos con los rostros de sus figuras más icónicas para cambiarlo por el metal precioso, ante lo que ya se venía considerando un “privilegio exorbitante”.

Aún la guerra en Vietnam no había provocado la impresión de dólares que rompería el equilibrio entre la reserva de oro y el dólar en circulación cuando ya, en 1965, el entonces ministro de finanzas francés Valéry Giscard d’Estaing -que luego se convertiría en presidente del país- hablaba de ese “privilegio exorbitante”, concepto que fue asumido por Charles de Gaulle. El esquema asimétrico le permitía a Estados Unidos imprimir dinero para financiar sus déficits presupuestarios e incurrir en déficits comerciales, endeudarse internacionalmente a tasas de interés bajas o, como expliqué en el primer párrafo: comprar bienes, servicios y activos en el exterior imprimiendo papel moneda cuyo valor intrínseco es el costo del papel o la tinta, sin importar si el número impreso en el billete fuera de 1, 5, 20 o 100. La desconfianza francesa se convirtió en acción cuando en 1964 sus barcos repatriaron de Nueva York y Londres 3,313 toneladas métricas del metal precioso.

Profundizada la crisis del esquema preparado en 1944 en New Hampshire, que ponía en riesgo los privilegios financieros y comerciales de Estados Unidos, el petrodólar fue la salida. Una movida exitosa en la que Arabia Saudita, el mayor productor de petróleo, se comprometía a vender el crudo únicamente en la moneda estadounidense. Al ser este líquido negro la sangre de la economía mundial -la que daba y aún da vida al transporte, la industria y la producción agropecuaria-, garantizaba que el papel verde emitido por la Reserva Federal siguiera funcionando como moneda de reserva mundial y de intercambio comercial, porque todos los países necesitaban de ese billete para comprar petróleo, una necesidad que derivaba en una cadena de dependencia de esa moneda para cualquier transacción comercial.

Sin embargo, lo que comenzó siendo un privilegio -ese “juego asimétrico” que hemos mencionado de déficits comerciales y endeudamiento- se volvió insostenible, al punto que su déficit comercial a marzo de este año alcanzó la cifra de 60,310 millones de dólares y su deuda actualmente se coloca en el 120% de su PIB. La desconfianza en el dólar reaparece empujada por estas políticas internas, pero empeorada por la politización del sistema financiero internacional. De ahí que China y Japón se vienen desprendiendo de Bonos del Tesoro de Estados Unidos. En marzo de este año, por ejemplo, ambos países salieron de 88,700 millones. Japón, principal acreedor de ese país, liquidó 47,700 millones de dólares y China 41,000 millones. Los motivos de ambos países son distintos: el gigante de Asia lo hace por razones geopolíticas -la desdolarización-, mientras que la motivación de la nación nipona es estrictamente económica, debido a la revalorización de los bonos internos y la pérdida de valor o volatilidad de los bonos estadounidenses.

La arquitectura financiera diseñada después de la Segunda Guerra Mundial con predominio del dólar, y alterada en la década de los 70 para que esta moneda continuara dominando las finanzas y el comercio global, comenzó a alterarse y se aceleró con las sanciones a Rusia. Muchos bancos centrales buscan refugio en el oro, cada vez más países liquidan sus operaciones comerciales en monedas propias -China y Rusia ya lo hacen en un 90 por ciento-, mientras instituciones paralelas a las creadas después de la conflagración mundial de los 40 nacen como alternativas a todo aquel andamiaje occidental que no solo dominó los mercados y el sistema financiero internacional, sino que se puso al servicio de la política con la intención de universalizar el modelo de sus sustentantes.

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