¿Para qué se educa en RD? El abismo entre el 4% y la escuela

Exigir a las familias que sean las principales responsables de la educación y la formación de sus hijos es ignorar sus desigualdades

Yajahira De La Cruz Mesa
Yajahira De La Cruz Mesa

De: Yajahira De La Cruz Mesa

La RAE define la educación como la crianza, enseñanza y doctrina que se da a los niños y jóvenes. Por su parte, la UNESCO plantea que es un proceso a lo largo de toda la vida y que dota a los estudiantes de los conocimientos, las capacidades y los valores necesarios para construir un futuro mejor. 

La relevancia del acceso a la educación y a la educación de calidad radica en que forma parte de los derechos fundamentales establecidos en la Carta de Derechos Humanos, cuyos principios transversales de universalidad e igualdad, de derecho habilitante y la obligatoriedad estatal nos llaman la atención respecto a la condición actual del sistema educativo dominicano, lo que nos hace preguntarnos: ¿Para qué la gente se educa?

Una persona educada tiene capacidades instaladas, conocimientos que le permiten resolver problemas y buscar soluciones a eventos específicos con el método pertinente, además de fortalecer las herramientas necesarias para interactuar y convivir en sociedad, entendiendo los entornos y las personas que los habitan para una interacción amigable. Parafraseando a la UNESCO, entonces pudiéramos decir que la gente se educa para que su futuro sea mejor que el presente que ocupa.

En el caso de República Dominicana, el sistema educativo preuniversitario es administrado por el Ministerio de Educación de la República Dominicana (MINERD) y comprende 12 años de escolaridad obligatoria. 

Jacqueline Malagón, destacada educadora y exministra de educación acuñó la frase «Educar es enseñar a vivir mejor» como un lema que representó la publicidad de la institución durante su dirección. Por otro lado, la frase «Educa al niño de hoy y no tendrás que castigar al hombre de mañana» (comúnmente formulada como «Educad a los niños y no será necesario castigar a los hombres») no es originaria de la República Dominicana, sino un célebre pensamiento atribuido al filósofo y matemático griego Pitágoras; la cual se aprecia en algunos murales escolares. La presencia de ambas frases revela la aceptación nacional de que la educación es idónea para la construcción de mejores condiciones de vida, y sin embargo no se corresponde con la realidad dominicana.

El espejismo del preuniversitario frente al presupuesto

¿Al salir del bachillerato entre los 16 y los 19 años, la juventud dominicana está notablemente construyendo un futuro mejor que los doce años de niñez que permaneció en el sistema preuniversitario? Nos referimos a la generalidad, no a jóvenes particulares, ni a excepciones de excelencia que logran la genialidad y trascienden a pesar del sistema educativo público y no gracias a él.

Desde 2013, luego de una movilización social, el gobierno aumentó la asignación presupuestaria a la educación a un 4% del Producto Interno Bruto (PIB). Este aumento debería traducirse en aulas de clases condicionadas y modernas, entornos escolares pacíficos y estimulantes, docentes capacitados con herramientas innovadoras para enseñar e impulsar el autoaprendizaje y un currículum adecuado a las demandas del mundo de hoy, pero, sobre todo, enfocado en el modelo de ciudadano que queremos para el país que anhelamos. Lo anterior nos lleva a las siguientes preguntas: ¿Cuál es el país que queremos? ¿Cuál es el modelo de ciudadano que construirá y habitará ese país? ¿Se puede estructurar un plan a nivel nacional que describa un modelo de sociedad idónea, futurista, real, consensuado; y, a su vez, desarrollar la estrategia y las acciones puntuales para tener resultados a mediano y largo plazo?

A pesar de los esfuerzos que se han hecho desde las diferentes direcciones que han ocupado el MINERD y los aportes al sistema educativo de diferentes organizaciones sociales y ONG como CIPAF, POVEDA, Plan Internacional, Reseteate, UNICEF, etc.,  el sistema educativo dominicano, principalmente el preuniversitario, presenta grandes escollos, debilidades estructurales históricas y nuevas problemáticas propias del contexto actual. 

Redundancia en el ciclo básico universitario

República Dominicana aún no es el país que el Estado promueve a través del Ministerio de Turismo, fundamentalmente porque invierte más en decir que somos modernos, desarrollados, económicamente fuertes y estables que en crear las bases para serlo verdaderamente. Esas bases fundamentalmente  están en un sistema educativo que brinda educación de calidad en las mejores condiciones posibles para formar ciudadanos cuyo potencial se desarrolle al máximo con inversión local para el beneficio local. El producto más valioso de un país es su gente. Invertir en la educación de calidad, principalmente en el preuniversitario, garantiza que los jóvenes que concluyen este periodo sean  producto de la inversión estatal; capaces, a temprana edad, de producir conocimientos y recursos que les permitan tener mejor calidad de vida, estabilidad familiar que favorezcan la economía y la sociedad de la que son parte; que luego vayan a la universidad a especializarse en áreas puntuales con las que ya han interactuado.

Ingresar a la universidad con la obligación de cursar en un primer semestre Lengua Española, Matemática 014, Biología y Química, las cuatro asignaturas básicas con las que se trabaja en los 12 años del preuniversitario, es admitir desde el Estado que existe una deficiencia colectiva que se debe corregir antes de alcanzar una licenciatura. Estos jóvenes pasaron año tras año exámenes de aprobación de grado y en el último curso del ciclo escolar se someten a pruebas nacionales para certificar desde el Estado que manejan estas asignaturas y aun así el mismo sistema que los calificó los vuelve a obligar a cursar un semestre completo con estas asignaturas sin importar la carrera inscrita ¿Cómo se explica esta redundancia? ¿Bajo cuáles argumentos esto es viable?

La realidad de las familias

Exigir a las familias que sean las principales responsables de la educación y la formación de sus hijos es ignorar que en República Dominicana hay una serie de desigualdades sociales que afectan a las madres, padres y cabezas de familia, que no les permite participar oportunamente del proceso formativo de los hijos. El alto costo de la vida obliga al pluriempleo, los salarios bajos no les permiten el lujo de la educación privada a las familias cuyos perfiles las emplaza en una educación pública y deficiente, el riesgo de perder el empleo como único sustento familiar dificulta la solicitud de permisos asociados a la participación de padres, madres y/o tutores en las actividades escolares; y la  insistencia de que desde la familia se acompañe a los estudiantes en el hábito de estudiar e investigar  fuera del plantel ignora diversas realidades, como que los adultos en casa no tienen la escolaridad completada o que no cuentan con los conocimientos básicos ni mucho menos las herramientas pedagógicas para este acompañamiento; además de la existencia de entornos no seguros en los que la educación de los menores no es prioridad familiar debido a repetición de ciclos y patrones destructivos que no se esperan romper a lo interno de la familia pero que debe ser un compromiso del Estado ayudar a transformarlos.

En consecuencia, la deficiencia en el sistema educativo podría explicar la crisis en la sociedad actual. Las dinámicas sociales se repiten y se perpetúan en la escuela. El abuso de poder, el deterioro de la infraestructura, la falta de estímulo a la creatividad y a la innovación, la violencia entre los miembros de la comunidad educativa y la falta de compromiso respecto a que la escuela funcione y sea un lugar santuario, constituye un laboratorio en el que se experimenta para perpetuar a la clase trabajadora, la multiplicación de individuos que no participan democráticamente y en la permanencia de una sociedad en la que el desarrollo y la calidad de vida están apartados para un grupo exclusivo de individuos que desafían al sistema o tienen privilegios que les permiten alcanzar ese futuro mejor del que tanto hablamos. 

Hacia un compromiso colectivo e integral

En conclusión, debemos comenzar a pensar y crear las bases para el diálogo sobre la República Dominicana que queremos. Exigir que los hijos de todo servidor público pertenezcan al sistema educativo público preuniversitario estimula que los tomadores de decisiones tengan una motivación real en su eficaz funcionamiento. 

Además, es fundamental promover el desarrollo del pensamiento crítico y enseñar al estudiantado a aprender desde la participación comunitaria, la interacción oportuna con las demás instituciones del Estado y el conocimiento temprano del sistema económico y empresarial que rige el mundo hoy, incluyendo el desarrollo, producción y uso adecuado de las nuevas tecnologías. De igual modo, es imperativo que las empresas asuman su responsabilidad en la preparación de los ciudadanos y en crear las condiciones necesarias para la participación de los padres, madres y/o tutores en las dinámicas escolares.

La educación de niños y adolescentes es una responsabilidad de todos y debemos empezar a trabajar en una misma dirección: el Estado, el sector empresarial, las comunidades y la familia, empujando para movernos hacia un futuro equitativo, justo y democrático, que solo se logra cuando se tiene el derecho a la educación de calidad garantizado, ya que promueve el acceso a los demás derechos y por consiguiente a una vida mejor.

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