Nunca vemos la vida del mismo modo después del dolor. Tampoco vemos a Dios igual que siempre después de ser bendecidos. Cada bendición optimiza la visión divina pero cada vez que nos sacude el dolor vemos la vida y sus protagonistas en una dimensión desconocida hasta el momento. Los momentos transforman nuestra visión, incluso mueven momentáneamente nuestras percepciones retratando para bien o para mal momentos que sellan nuestro futuro. Isaías tuvo un encuentro con el Señor que redefinió sus pensamientos dándole un giro a sus decisiones; y pregunto, ¿caminas como Abraham bajo directrices específicas, o como Job, influenciado de sus procesos? Tal vez son tus bendiciones las que dan curso u obstruyen tu obediencia.
