Dando y dando…

He notado como ciertos corazones lucen hambrientos y hasta desesperados por lo que Dios ha prometido o se ha comprometido a entregar por medio de su palabra. Cuentan con ese capital para emprender su fructífera y poderosa vida, sin embargo pasa el tiempo y sus expectativas se caen llevándose sus fuerzas con la corriente. Despierta ahora mismo, porque antes de recibir de Dios debes hacerle espacio para tus bendiciones. Me explico, no se trata tanto de esperar “lo que tiene para ti”, sino de soltar “eso” por lo que Dios retiene su mano. Porque si te bendice en la inmadurez todo acabará en maldición. Dios no bendice en la zona de confort ni opera bajo rebelión, todo es suyo, tu también, pero recuerda, para ser coronado debes bajar la cabeza.

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