¡Déjalo ir!

Suele sucedernos en algún momento que dejamos de estar interesados de las mismas cosas y del mismo modo, y nos cuesta delegar o sencillamente dejar ir, aceptando que un mayor bienestar podría acontecer en otras manos. Madurez es reconocer que hay un tiempo para todo lo que se quiere debajo del sol, y que no es sabio detener las corrientes de vida. Pasa a las manos de Dios lo que tu corazón no quiere retener, reconoce que cuando no aceptamos perder ciertas cosas o personas, es porque le tenemos mucho miedo a la aparente derrota, y no porque estamos realmente interesados en alcanzar allí nuevas victorias. Cuando un corazón ya no vibra en un lugar, termina induciendo un coma irreversible. Siembra con liberalidad y cosecharás pan de libertad.

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