David oraba: “Señor, ayúdame a recordar cuán breve ha de ser mi tiempo sobre la tierra, acuérdame que mis días están contados y ¡cuán fugaz es mi vida!…” Salmos 39:4-5. Probablemente experimentaba algo fuerte, una crisis, un dolor… No son oraciones de cuando todo va bien.
Y es que dar por sentado que nuestra vida está felizmente resuelta, el “yo puedo con eso”, “todo me va bien”, “soy el arquitecto de mi vida y el capitán de mi barco” nos hacen perder el rumbo…
No solemos ser sensatos en la “brevedad” porque cuando todo mejora es cuando comienza a acabarse, y cuando por fin comprendemos, entonces hemos perdido el poder de cambiar las cosas. Pero aunque nadie puede retroceder y hacer un nuevo comienzo, cualquiera puede recomenzar y hacer un nuevo y mejor final.
