Si no fuera porque en el Congreso -el actual- se pavonea la narcopolítica casi diría que el caso de corrupción y política que parió Senasa debería servir para poner fin al modus operandi de hacer política para procurar inmunidad, tráfico de influencia, endosar o ensanchar fortunas -bastaría una auditoría al presupuesto, de los últimos 20 años, en ambas cámaras y el altar de muchos “honorables” rodaría por la cuneta-. Pero el grave problema es que la Iglesia católica está en manos de Lutero (eso sería lo menos); o mejor pregunto: ¿cómo legislar si el Congreso está podrido o “filtrado” por la narcopolítica? Más cuando ya es hora de que se legisle para castigar, inhabilitar y penalizar a los partidos, políticos, líderes, empresarios y “sociedad civil” que procuran riqueza rápida usando los poderes públicos. En consecuencia, no basta, como se ha sugerido, la “silla vacía” (eso, aunque un paliativo, sería como poner candado después del daño-robo). Y lo peor, eso no evita que capos, empresarios y políticos delincuentes lleguen a los poderes públicos…
El caso Senasa no tiene madre ni padre, pues ha sido un robo-estafa a la salud de la gente. Es decir, que es un mega-caso de corrupción pública-privada donde dinero o recursos para salvar vidas fueron a endosar más fortunas en el contexto de un entramado de corrupción pública-privada que no tiene precedentes por los niveles de magnitud y complicidad en que se dio el robo o dolo público.
Por el sector, salud, donde se ha descubierto la fosa se podría medir el grado de insensibilidad social y la perversidad de unos actores públicos y privados que nada tendrían que envidiar a aquellos especímenes y “experimentos” de Josef Mengele -hablamos en sentido gráfico y maléfico de inventarse, sin piedad, cómo robarse los dineros públicos; y en este caso concreto, el de la salud- y los campos de concentración nazi, pues que alguien me diga si en el suplicio además de sadismo, holocausto-sufrimiento y afán de robar se pensó en algo humano o de simple piedad.
En fin, vamos construyendo, si no es que ya, una sociedad de políticos, empresarios y “bienhechores” de “chupe usted y déjeme el cabo”; o mejor dicho, de vulgares estafadores públicos o asociación de malhechores…
Y lo peor, habrá que esperar otro Congreso, otra forma o requisitos mínimos para acceder a los poderes públicos -quizás se impone una Constituyente- porque con los que están, con escasas excepciones, en la administración públicas y mayoría en el Congreso el símil con Al Capone y los campos de concentración nazi es inevitable. Y, encima de ello, tenemos que aguantar la perorata o narrativa mediática de que “nunca, como hoy, se está impartiendo justicia”, campea la ética y transparencia pública, asomo de rehabilitación política -¡por favor!- y “…yo no tengo socios”. ¡Vaya Poncio Pilato!
En verdad, aquí no deberían de celebrarse elecciones en 2028 (es una exageración o ignorancia supina), sino un tsunami político-electoral de aclaración ciudadana. O tal vez, un Bukele (con el que estoy de acuerdo hasta 2029, ni un día más) con todo su autoritarismo, populismo y mano dura. Solamente, para sentar un antes y un después … .y, de paso, ver si quedaran cabezas…
Y si vamos a celebrar elecciones que no se olvide qué partido -el PRM-gobierno- estuvo al bate después de asaltar la Marcha verde, pontificar sobre ética y moral pública y judicializar la política; y de paso, crear el vocablo “indelicadeza” para definir o tipificar corrupción. Y como si fuera poco, llevar en su boleta y a los poderes públicos a capos confesos o de dominio público.
