El descargo de parte de los imputados en el caso Calamar representa un golpe para la Procuraduría y obliga a revisar, con serenidad, pero con firmeza, la solidez de una investigación que durante años fue presentada como emblema del combate a la corrupción. Si Gonzalo Castillo y otros acusados quedan fuera mientras dos exministros continúan en el proceso, la sociedad merece algo más que tecnicismos, necesita una explicación clara sobre las pruebas, los criterios y la estructura real del expediente. La propia Miriam Germán lo advirtió: había que buscar la prueba. Lo que está en juego no es solo el destino de un caso, sino la credibilidad de la justicia.
