En cualquier economía moderna, saber quién controla los bancos no es curiosidad, es necesidad pública. Si hay compras, fusiones, reposicionamientos regionales o cambios en el poder real de entidades financieras, el país tiene derecho a conocerlos con claridad. No por morbo empresarial, sino porque la banca administra ahorro, crédito, confianza y poder económico. Por eso inquieta la idea de que alrededor de operaciones importantes haya más rumores que información. No se cuestiona que capital dominicano se expanda, ni que grupos empresariales crezcan; se cuestiona la “clandestinidad” con que a veces se manejan temas que afectan a toda la sociedad. En asuntos bancarios, la opacidad nunca es una señal tranquilizadora.
