Tres vidas

Como cada 25 de noviembre, volvemos a recordar a las hermanas Mirabal, tres heroínas que desde un pequeño pueblo conmovieron los cimientos de todo un país y que permanecen tan vivas como aquel fatídico día que despertó de indignación a una nación aletargada durante 30 años. La sangre derramada de estas mujeres impulsó el principio del fin de aquella era oprobiosa que no tuvo reparos en alcanzarlas en sus fauces y convertirlas, sin proponérselo, en símbolos inmortales de la democracia.

Antes, fueron el baluarte del grito de libertad ante la mordaza de un régimen implacable y sanguinario; hoy, son la representación contra la violencia de género en todas sus manifestaciones, no solo de aquel sátrapa despiadado que, en su machismo exacerbado no admitía disidencia (ni de hombres ni de mujeres porque logró que le temieran todos sin distinción) sino también de ese individuo doméstico con iguales desmanes.

Minerva, abogada, quien no pudo obtener el diploma para ejercer su profesión en otra macabra estratagema de humillación, tenía 34 años cuando falleció; Patria, la mayor, ama de casa, muere a los 36 años y María Teresa, de profesión agrimensora y la más pequeña, alcanzaba los 25 años cuando su vida fue truncada. Tres realidades distintas de madres jóvenes y con una meta en común: la lucha por la liberación de un pueblo del régimen trujillista.

Ahora, a 65 años de distancia, tenemos replicados esos dictadores a pequeña escala que continúan sin entender que los tiempos han cambiado y que la responsabilidad de una casa, de crianza y de sostenimiento es equitativa. Ese que aun pretende que su palabra es ley, que aplica violencias más sutiles que las físicas, pero que igual lastiman, como la económica, la emocional y aquella que se dirige contra los hijos porque saben que es la que más puede dolerle a una mujer.

Las políticas públicas que vienen desde el Estado, a través de sus distintos ministerios, no pueden resultar suficientes, mientras sigan creciendo como verdolagas esas réplicas de tiranos que, en pleno siglo XXI, entienden que la mujer es un ser inferior y que no puede rehacer su vida sin ellos. A pesar de las conquistas académicas, profesionales y laborales femeninas, no siempre se libra de ese retrógrada que se cree dueño del mundo y habita el barrio o el residencial encumbrado.

De poco sirvió el sacrificio de esas tres mujeres que ofrendaron sus vidas por una causa justa, si continuamos desde los hogares fomentando el machismo de esos varones que luego avasallan creyéndose superiores a sus parejas o la sumisión de la hembra que cree no ser merecedora de nada. Sin duda, los tiranos no nacen, se hacen.

Posted in Opiniones

Más de opiniones

Más leídas de opiniones

Las Más leídas