Más que simple vandalismo

El incidente con el sistema de luces de las pistas de aterrizajes del aeropuerto internacional de las Américas que inutilizó el servicio de aproximación y despegue, debe ser manejado por las autoridades con un criterio de mayor profundidad y alcance que simple sabotaje o acto de vandalismo.
Es altamente probable que allí concurrieron cuestiones de mucho mayor calado que la intrusión de vándalos, si tomamos en cuenta que las propias autoridades han revelado que los cables cortados fueron dejados en el mismo lugar.

Sin embargo, antes de seguir con la ocurrencia de los cables hay un hecho demoledor que pone en contexto lo que eventualmente subyace en esta cuestión. Es oportuno que se sepa que el área de carga del AILA prácticamente está intervenida por la DEA y el FBI, de los Estados Unidos, junto con organismos de seguridad dominicanos.

Esto viene desde finales de marzo y comienzos de abril, a raíz de que en un vuelo de carga se encontrara un importantísimo alijo de cocaína procedente de Colombia, lo que originó la aplicación a la aerolínea de una sanción por más de 7.8 millones de dólares, aunque la empresa no necesariamente tuviera responsabilidad en lo sucedido.

Sobre el tema de los cables, es un dato altamente sensitivo y debe conducir a los investigadores a presumir que el asunto va mucho más allá, pues sería ilógico que los ladrones de cables o verjas perimetrales dejaran botado el producto de su acción delictiva.

Que esto sucediera nos lleva a la hipótesis de que en la acción pudiera estar involucrado el narcotráfico internacional, cuyas operaciones carecen de límites cuando tiene la posibilidad de culminar con éxito sus actividades delictivas.

La presunción no es aventurada, si nos remontamos a diciembre de 2017 cuando una noche el propio personal de seguridad del aeropuerto internacional de La Romana acondicionó el terreno para la llegada de una aeronave salida de Colombia con 600 kilos de cocaína.

Recordemos que en aquella ocasión los militares involucrados provocaron un apagón en la terminal aérea, de modo que el aterrizaje de la avioneta furtiva se realizara con la mayor seguridad, ya que el personal de “seguridad” facilitó el resto.

¿No es preferible asumir que en lo ocurrido en el AILA pudieran estar en juego los mismos fines, si bien con método diferente? Debemos destacar que el narcotráfico internacional se reinventa cada día y generalmente va dos pasos por delante de las autoridades, las que, en el caso dominicano, han dado fuertes golpes con la incautación de miles de kilogramos de cocaína en sistemáticos operativos. Esto no es un juego.

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