Clara Ureña: el paso desde la reinvención personal a emprender

Su cafetería en Las Praderas de Pekín es el resultado de sus décadas de trabajo, disciplina y formación; es un ejemplo

Clara Eliza Ureña Mora aprendió a reconstruirse cuando la vida la obligó a empezar de nuevo. Hoy, a sus 54 años, administra “De Clara Cafetería”, un pequeño negocio ubicado en la calle Juan Lucas Díaz, en el sector Las Praderas de Pekín, en Santiago de los Caballeros.

La cafetería nació como respuesta a un cierre laboral y se convirtió en una oportunidad para reenfocarse, crecer y fortalecer su vida familiar y económica. “Los cambios han sido buenos, porque yo me siento más confiada, muy responsable, alegre, preparada para lo que venga”, afirma mientras sirve una taza de café a uno de sus clientes. Es normal que mucha gente acuda a su negocio.

Clara nació en los años 70, en Santiago. Creció en un entorno sencillo, rodeada de afecto y valores transmitidos desde el hogar. Disfrutó una niñez propia de la época: juegos en la calle, visitas a ríos y el tradicional “maroteo” de recoger frutas sin permiso.

En esa casa humilde compartida con sus tres hermanos, aprendió a trabajar, a ser respetuosa, comprensiva y colaboradora. De niña soñó con convertirse en modelo de pasarela, pero la necesidad de apoyar a su familia la llevó a ingresar muy joven al sector laboral. Por 31 años trabajó en la zona franca de fabricación de calzado. Ese empleo marcó parte de su vida adulta, hasta que hace ocho años la empresa cerró y tuvo que replantearse su futuro. “Zona franca, nunca más. Ahí comenzó mi reinvención”, rememora, en una conversación que conforme avanza se torna más interesante. Al principio buscó otro empleo, pero su esposo e hijas la animaron a iniciar un negocio propio. Pensó en una tienda o una cafetería, y fue su madre quien la empujó a elegir la segunda opción, convencida de que la comida “vende a diario”.

Así nació “De Clara Cafetería”, un emprendimiento familiar que hoy comparte con su pareja, su madre, sus dos hijas y sus dos nietas. La cafetería ha sido su base de trabajo y también su espacio de aprendizaje. Pero el cambio más profundo llegó cuando conoció el proyecto Mujeres SuperEmprendedoras, del programa Supérate. La invitación le llegó a través de Giné, secretaria de la Escuela Yaque de Santiago, quien conocía su interés por seguir estudiando. “Desde que me lo presentaron, me encantó”, indica.

Supérate es el programa de protección social del Estado orientado a fortalecer las capacidades de los hogares mediante formación, acompañamiento y apoyo económico focalizado. A través de iniciativas como Mujeres SuperEmprendedoras, impulsa el desarrollo de proyectos productivos liderados por mujeres, con el objetivo de mejorar sus ingresos y promover su independencia económica.

Clara explica que la formación del programa superó sus expectativas. En el módulo “Conociéndome”, logró reconectar consigo misma, superar temores y fortalecer su autoestima. En el de “Finanzas”, aprendió a gestionar mejor el dinero y a identificar los llamados “gastos hormiga”, que a veces frenan el avance de los negocios pequeños. Una de las transformaciones más visibles para ella fue el cambio de disciplina: “Antes, yo abría la cafetería si quería; no le daba la importancia que merecía. Ahora soy más enfocada y responsable, y me aseguro de tener un poco de todo para mis clientes”.

Pero el camino no ha sido fácil, ha debido superar obstáculos. Reconoce que su edad ha sido motivo de rechazo en empleos, y que los prejuicios también aparecen cuando una mujer decide emprender. “Hay gente que no te contratan y hacen que uno se sienta avergonzado”, señala. Además, uno de los desafíos de los pequeños negocios es acceder a préstamos, debido a los requisitos bancarios como las cartas de recomendación.

Aun así, Clara mantiene metas definidas. Aspira a ampliar su negocio y agregar postres y dulces a su oferta, porque la repostería le apasiona. También sueña con viajar por el mundo.

El impacto de Mujeres SuperEmprendedoras ha sido decisivo para ella, según lo que dice. Habla con gratitud de las mentoras que la acompañaron en el proceso. “Quiero darle las gracias al equipo de emprendimiento por ese tiempo que sacaron para enseñar y por dejar su familia e hijos para salir por los pueblos”, expresa.

También reconoce el papel del proyecto y del programa Supérate en brindarle oportunidades reales de crecimiento: “Nos dieron la oportunidad a adultas de cambiar y mejorar el ritmo de vida y aportar a la casa (…)”, afirma.

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