ARAPF destaca su contribución al acceso a tratamientos para dolencias menores y reducción de gastos sanitarios
El autocuidado puede ganar peso en la economía de la salud por su capacidad para reducir gastos asociados a dolencias, aliviar la demanda de servicios médicos y ayudar a mantener la actividad laboral.
Su expansión impulsa el mercado de medicamentos de venta libre, cuyo uso responsable permite atender determinados problemas menores sin requerir una consulta médica.
Las proyecciones recogidas en una publicación sobre el tema estiman que el mercado mundial del autocuidado alcanzará los 13 billones de dólares en 2030. El desarrollo de esta actividad representaría, además, una economía superior a 217 millones de horas profesionales y elevaría a 4.6 billones la cifra de días productivos por individuo o profesional, según los datos citados en el documento.
Para ese mismo año se calcula una carencia aproximada de 18 millones de profesionales de la salud en el mundo. La publicación refiere, además, que unos 400 millones de personas no tienen acceso a servicios básicos o esenciales, mientras que alrededor de 130 millones necesitan asistencia humanitaria.
En República Dominicana, la Asociación de Representantes, Agentes y Productores Farmacéuticos (ARAPF) aborda el autocuidado como una práctica que puede contribuir a la sostenibilidad de la atención sanitaria y al bienestar de la población. El planteamiento forma parte de un libro de la entidad, fundada el 25 de noviembre de 1948 para representar a empresas del sector salud y colaborar con el desarrollo del país en el campo sanitario. El documento define el autocuidado como las actividades que realizan las personas, las familias o las comunidades para promover la salud, prevenir enfermedades o limitar sus efectos, con o sin apoyo de un profesional autorizado.
No se reduce al consumo de medicamentos, sino que adema´s comprende la higiene, nutrición, modo de vida, factores ambientales y condiciones socioeconómicas. Según lo externado en la publicación de Arapf, con mayor información, los ciudadanos pueden participar activamente en el cuidado de su bienestar, monitorear indicadores fisiológicos y usar de forma segura medicamentos de venta libre y suplementos alimenticios. El propósito es que las decisiones respondan a necesidades identificables y se adopten con responsabilidad.
Uno de los componentes de esa práctica es la automedicación responsable. El documento recoge la definición de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que la describe como la selección y el uso de medicamentos que no requieren prescripción para tratar enfermedades o síntomas que las personas pueden reconocer. Su objetivo es atender problemas menores que no necesitan consulta médica.
La ARAPF distingue esa práctica de la autoprescripción, que consiste en utilizar medicamentos sin receta cuando sí la requieren. El libro la califica de irresponsable y peligrosa. La diferencia está en que un producto que pueda adquirirse sin receta no significa que cualquier medicamento pueda utilizarse por decisión propia.
Para que la automedicación sea responsable, el usuario debe comprobar que el producto está aprobado para la venta libre, emplearlo para los fines indicados y respetar la dosis y el tiempo de administración establecidos en el prospecto. También debe observar la respuesta del organismo, suspender el uso ante reacciones adversas y comunicar esos efectos a un profesional de la salud o a las autoridades competentes.
Los medicamentos de venta libre, conocidos como MVL u OTC por sus siglas en inglés, son aquellos que pueden adquirirse sin receta médica. El texto los presenta como herramientas para tratar síntomas y dolencias no graves. Su utilización puede reducir la necesidad de acudir a centros médicos para resolver determinados problemas cotidianos y contribuir a un uso más eficiente de los recursos sanitarios.
Un estudio de la Asociación Latinoamericana de Autocuidado Responsable (ILAR), correspondiente a 2019-2020, atribuye a estos medicamentos un ahorro de US$7,200 millones para los sistemas de salud de América Latina. El documento señala que, durante la pandemia de Covid-19, fueron una de las primeras alternativas a las que recurrieron las personas para aliviar síntomas o malestares.
De acuerdo con los datos de ILAR citados en el libro, el 45 % de las personas encuestadas utilizó medicamentos de venta libre que tenía en casa, mientras que el 39 % los adquirió en farmacias. Los productos fueron empleados para aliviar síntomas de condiciones no graves o controlar condiciones crónicas.
El aporte económico de los MVL también se relaciona con la productividad. El documento indica que dolencias comunes, como resfriados, malestares estomacales y migrañas, pueden incidir en el ausentismo laboral. Al contribuir al alivio de síntomas leves, estos medicamentos pueden ayudar a mantener activa la fuerza de trabajo y reducir interrupciones en las actividades cotidianas.
Otro beneficio señalado es la accesibilidad. Los productos de venta libre pueden facilitar el acceso a tratamientos en zonas rurales y remotas, así como en barrios donde acudir a una consulta médica puede resultar difícil. Esa disponibilidad puede representar un alivio para la economía personal y familiar, además de favorecer la calidad de vida, según la publicación.
No obstante, un medicamento solo debe ser considerado de venta libre cuando sus beneficios superen los riesgos asociados a su utilización correcta. Entre los criterios figuran la eficacia y seguridad demostradas para prevenir, aliviar síntomas o tratar enfermedades leves y fáciles de identificar, así como la posibilidad de utilizarlo de manera ambulatoria.
El texto plantea que deben preferirse presentaciones de fácil manejo y almacenamiento, administradas por vía oral o tópica, y que los productos sean preferiblemente monofármacos. En caso de combinaciones de principios activos, estos deben estar contemplados en las normas farmacológicas vigentes en República Dominicana.
Referencia de diez años mínimos en el mercado
La publicación incluye como referencia un período mínimo de diez años en el mercado nacional o internacional para valorar la experiencia de uso y el perfil de seguridad y eficacia. Además, señala que los productos no deben generar tolerancia, dependencia ni ser susceptibles de abuso, y que deben tener baja probabilidad de intoxicación.
Entre los grupos de medicamentos de venta libre mencionados figuran analgésicos, antitusivos, expectorantes, antialérgicos, productos gastrointestinales, anestésicos locales, antipruríticos, tratamientos para la piel, antisépticos, oftálmicos y productos para el cuidado de la salud oral.
