Posible solución definitiva al problema eléctrico 2 de 3

Cuando se habla del tema eléctrico en República Dominicana, todos saben perfectamente el “Que” (se fue la luz, falló la energía, se produjo un apagón… ) pues lo sufren en carne propia día a día. Unos pocos lo mitigan comprando plantas eléctricas, inversores, paneles solares y más, pero a la inmensa mayoría le afecta en extremo, mientras, paradójicamente, las facturas eléctricas llegan cada vez más caras y el suministro de luz sigue siendo deficiente.

Como señalamos en la anterior entrega, el problema fundamental es que en el Sistema Eléctrico Nacional Interconectado (SENI) los segmentos de Distribución y Comercialización son “deficitarios por nacimiento y origen”, no solo porque le roban parte de la energía servida por sus redes, sino porque el principal detonante de esas pérdidas es su ineficiente dimensionamiento debido a las discretas inversiones realizadas en el segmento Distribución en los últimos 25 años. Sin obviar, claro está, los cuestionables actos de corrupción conocidos y las tradicionales nóminas supernumerarias de origen político que en nada contribuyen con la creación de valor para las empresas y sí mucho a sus pérdidas.

Pero antes de pensar “Cómo solucionar” el tema eléctrico, debemos analizar algunas verdades irrefutables, casi axiomáticas, que no se deben soslayar, pues nunca habrá una solución correcta a un problema mal planteado.

Hay siete realidades fundamentales que irremediablemente tienen que ponderarse y nunca podrán ignorarse, si realmente se quiere buscar soluciones integrales y definitivas para el sector eléctrico:

  1. En un sistema capitalista, el Patrimonio contable de una empresa no determina su valor.

    Este viene dado por su rentabilidad y potencial de crecimiento, por el tipo de industria donde opera y la competitividad de ella, su participación de mercado, las inversiones necesarias para su sostenibilidad, las barreras de entrada, las puertas de salida, el costo de oportunidad de lo invertido y el entorno político y social donde se desarrolla.

    La lógica de un sistema capitalista es que un peso invertido debe recuperarse en tiempo razonable y de paso traer unos centavos adicionales. Toda inversión se evalúa y discrimina en función de su Tasa Interna de Retorno y/o el Valor Presente Neto descontado por el costo de oportunidad de la inversión o el costo de capital. Cualquier otro ingrediente que se incluya en la ecuación traerá ruidos tóxicos y autodestructivos, si no es bien ponderado en el análisis.
  2. Nadie, excepto Fondos Carroñeros (Distress Asset Funds), invierte en una empresa con déficits crónicos. Cuando se trata de valorar una empresa los déficits crónicos simplemente se reflejan en el precio de sus acciones o en las concesiones que se tienen que otorgar a quien asuma su propiedad.
    El caso del icónico Barings bank, el banco que fundó la realeza británica en 1752, vendido a mediados de los 90 por una libra inglesa, es un excelente ejemplo, para no mencionar cientos de empresas de clase mundial colapsadas que han sido fusionadas o absorbidas a cambio de asumir sus propiedades y deudas.
  3. Muy pocos querrán participar en el capital de una empresa en la que se tengan que hacer cuantiosas inversiones para hacerla rentable, especialmente si es una empresa de servicios donde:
    3.1 El precio final al consumidor es regulado por el Estado.

    3.2 Hay altísima exposición mediática

    3.3 Los cortes masivos de energía tienen matices políticos de alto impacto.

    El precio final al consumidor es, quiérase o no, un tema clave y fundamental a la hora de negociar soluciones integrales, por las correlaciones adversas entre objetivos de rentabilidad en los negocios y las mediciones de popularidad del gobierno de turno.

    El precio al consumidor final deberá ser fijado con base en un esquema de costo más beneficios y el mecanismo para determinarlo debe ser transparente y claro.

    En el caso de los precios del petróleo el Estado se reserva el derecho de establecer subsidios directos para cubrir aumentos indeseados a la población y hasta podría negociar acuerdos con los Distribuidores y Generadores para compartir razonablemente esos incrementos en los costos del petróleo.
  4. En cualquier sistema interconectado, las ganancias de un jugador son los costos de otro jugador y si este no puede recuperar esos costos, más los que agrega, los resultados siempre serán deficitarios.
    Esta situación genera el círculo vicioso que atrapa a las EDEs: ofrecen un servicio deficiente pues no tienen el capital de trabajo, la solvencia ni el crédito para hacer los gastos de capital necesarios. Esto provoca más pérdidas, peor servicio, mayor insatisfacción y más fraudes. Como todo círculo vicioso el final es irremediablemente destructivo.
  5. La gente paga la energía servida cuando el servicio es regular y eficiente. Hay sistemas aislados en República Dominicana cuyo historial confirma inequívocamente esta afirmación.
  6. Las empresas rentables del sector eléctrico (EGE) deben ser las primeras interesadas en la sostenibilidad del sistema visto en conjunto y por ello, por razones estratégicas, contribuirían para lograr la solución. Ellas saben muy bien que es más rentable ser dueño, digamos, del 40% de un conjunto de empresas rentables y no el dueño del 100% de una unidad o eslabón dentro de una industria inestable.

    La incertidumbre, la inestabilidad y la volatilidad son los grandes enemigos de los inversionistas conscientes.
  7. El sector privado está compuesto por hombres de negocios y como tales, no participarían en proyectos cuyas perspectivas no sean rentables. Por ende, corresponde al principal doliente, el Estado, adoptar las medidas para mitigar la falta de rentabilidad, la incertidumbre y la inestabilidad.
    No se necesitan inversionistas patrióticos, necesitamos inversionistas conscientes y autoridades pensantes y coherentes.

    No nos engañemos. Esas siete simples verdades señalan el camino que necesariamente tenemos que recorrer si realmente se persigue una solución definitiva y esa solución definitiva solo será posible:
    Cuando TODOS tengan intereses coincidentes en cada uno de los principales componentes de la cadena de valor del sector eléctrico. Solo así se logrará que TODOS halen en la misma dirección y con la misma fuerza. Y solo así habrá estabilidad en el servicio eléctrico y luz permanente en República Dominicana.

    Por eso creo y sostengo que, solo reintegrando verticalmente el sistema a través de la composición accionaria de cada empresa dentro de cada segmento, podrá resolverse definitivamente el problema del Sector Eléctrico Nacional Interconectado (SENI).

    Esto deberá lograrse creando las condiciones necesarias para que sean atractivas las inversiones en el segmento Distribución, pues nadie en su sano juicio invertiría en empresas dentro de ese segmento en las actuales circunstancias, salvo si recibe concesiones difíciles de medir y por ende poco transparentes.

    Antes de intentarlo, el Estado tiene que vender sus huesos (las tres EDE) y para que alguien los compre en las actuales circunstancias tiene necesariamente que pagar subsidios o en su defecto desprenderse o vender parcialmente algunos de sus filetes o los flujos que estos generan, pues nadie compra solo huesos.

    Otra alternativa, quizás más lógica y práctica, sería intentar una opción aparentemente utópica, pero en realidad muy factible.

    Me refiero a hacer de las Distribuidoras empresas rentables, al ejecutar las inversiones necesarias para dimensionar eficientemente el área geográfica de su concesión, y financiar dichas inversiones mediante la emisión de Bonos de Renta Fija garantizados por el Estado. Un plan piloto en el área geográfica de una de las tres EDE podría ser un buen inicio.

    Estos Bonos serían convertibles a Renta Variable (acciones) a opción de los tenedores, quienes incluso podrían participar de la administración de la Distribuidora en función de su tenencia de los nuevos títulos valores de deuda garantizados por el Estado. El criterio para convertir dichos Bonos de Renta Fija a Renta Variable sería el precio de mercado de las acciones de la Distribuidora de que se trate al momento de la conversión y el Estado fijaría un precio indicativo para iniciar el proceso que nunca podrá ser inferior al valor en libros.

    Eso no necesariamente tiene que deshacer lo que se hizo en 1999. Esa reintegración vertical puede lograrse, gradualmente, mediante sanas prácticas de Mercado de Valores y ligeros cambios en la Ley General de Electricidad 125-01 que den mayores garantías a los inversionistas, incluido el propio Estado.

    El objetivo podría ser:

    Lograr en un plazo razonable (digamos cinco años) que todos los jugadores del sector eléctrico, generadores, trasmisores, distribuidores y comercializadores, se hagan públicos y coticen parte de sus acciones en nuestro incipiente Mercado de Valores, previa valoración de cada una de ellas en función del valor presente de sus flujos de efectivo ajustados por riesgo y mediante prácticas de mercado y ligeros cambios en la Ley General de Electricidad que ofrezcan mayores garantías a los inversionistas e incentiven que todas las empresas del sector eléctrico eventualmente tengan la misma composición accionaria y por ende el mismo interés en resolver.

    Esto sería opcional de cada empresa y su decisión final estaría atada a un caso de negocios que determine su factibilidad.

    No tengo dudas de que el mercado, a pesar de sus tradicionales imperfecciones es un excelente árbitro, especialmente cuando está bien regulado y supervisado.

    El Estado mantendría la propiedad y el control físico de los Activos que por ley son de su propiedad, pero de ser necesario descontaría (vendería) sus flujos y tendría poder de veto sobre cualquier operación que comprometa la integridad de la ETED, la Egehid y de cualquier otra de sus empresas.

    Los accionistas de las EGE privadas que decidan hacerse públicas, tendrían el mismo poder de veto sobre las empresas donde antes controlaban accionariamente, además de un contrato de largo plazo para administrarlas. En ambos casos este poder de veto estaría vigente solo durante un periodo de transición de cinco años o lo que se establezca.

    Logrado ese objetivo, todos sufrirían en partes iguales las pérdidas que resultaren en las EDE hasta y durante la transición, pero compensarían ampliamente con los enormes beneficios que recibirían cuando todas las empresas, incluidas las EDE sean rentables, lo cual ocurrirá sin ninguna duda, después que se efectúen las inversiones necesarias para dimensionar eficientemente al sector.

    Esto a su vez mitigaría los fraudes en función de la mejoría en el servicio, daría fuerza moral para el cobro compulsivo de lo servido y garantizaría que cada empresa sea administrada con criterios de rentabilidad, pero manteniendo la responsabilidad social que siempre ha exhibido el empresariado dominicano.

    Solo así se resolvería definitivamente el problema eléctrico y solo así el Estado se liberará del oscuro barril sin fondo de los subsidios y el país de los fatídicos apagones.

    Continúa.

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