ProCompetencia promueve mercados digitales seguros y protección de datos

La transformación digital de la economía dominicana exige tanto el ingenio de la iniciativa privada como la vigilancia de una autoridad de competencia robusta.

La presidenta de ProCompetencia, María Elena Vásquez Taveras
La presidenta de ProCompetencia, María Elena Vásquez Taveras
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En 2025 -y en antesala ya al 2026-, la preocupación por el dominio de las plataformas digitales y la concentración de poder es más vigente que nunca. Aplicaciones y servicios globales -desde redes sociales hasta comercio electrónico- revolucionan la vida cotidiana y los negocios, pero también levanta señales de alerta.

Un reciente informe de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD) reveló que los mercados digitales tienden a concentrarse en pocos actores: solo cinco grandes empresas tecnológicas (NVIDIA, Microsoft, Apple, Amazon y Alphabet -Google-).  generan el 48% de las ventas globales, casi duplicando su cuota desde 2017. No sorprende entonces que siete de las diez compañías más valiosas del mundo sean gigantes digitales que abarcan cloud computing, comercio electrónico, inteligencia artificial y publicidad en línea.

En este contexto desafiante de innovación vertiginosa, concentración de mercado y riesgos a derechos como la privacidad, la Comisión Nacional de Defensa de la Competencia (ProCompetencia), en su rol de autoridad de competencia, ha asumido una postura firme: la transformación digital en República Dominicana debe darse en un ecosistema competitivo, abierto y seguro. Principalmente, que promueva innovación tecnológica de las empresas dominicanas, a la vez que se previenen abusos de poder de mercado y se protege al consumidor, incluyendo la salvaguarda de sus datos personales. Así lo manifestaron en este viernes en el tradicional desayuno de elCaribe de esta semana.

Competencia justa como motor de la transformación digital

Consultada sobre el tema, la presidenta de ProCompetencia, María Elena Vásquez Taveras, puntualizó que sin competencia no hay innovación sostenible ni desarrollo digital equitativo. Asimismo, señaló que que emprender en la era digital no es una tarea solo del sector privado o del gobierno, sino un esfuerzo conjunto de todos los actores del mercado, pero siempre bajo reglas claras.

Vásquez Taveras insiste en que la economía digital redefine las reglas del juego y plantea retos inéditos a las autoridades.

«La transformación digital no es solo un cambio tecnológico, sino la fuerza que está redefiniendo las reglas del juego económico global», explicó, subrayando que fenómenos como el dominio de las big tech obligan a «repensar cómo competimos, innovamos y creamos valor en nuestros mercados», afirmó. «Estas empresas no solo manejan mercados enteros, manejan nuestros datos personales. Cada clic, compra o ‘me gusta’ alimenta un tesoro de datos que, bien utilizado, puede mejorar servicios, pero mal gestionado compromete la privacidad de millones de usuarios. Por ello, crece la exigencia pública de que se respete la protección de datos personales, un marco claro y una autoridad de competencia robusta con recomendaciones vinculantes».

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La visita de ProCompetencia se da en el marco de la venidera Semana de la Competencia 2025 que, del 27 al 31 de octubre en el Hotel Sheraton de Santo Domingo, reflexionará y debatirá ideas sobre cómo la competencia impulsa el desarrollo económico, la eficiencia empresarial y el bienestar de los consumidores, con una amplia agenda de actividades que incluyen paneles, conferencias magistrales, talleres y espacios de diálogo orientados a fortalecer la cultura de la libre competencia en el país.

Podrá conocer más de esta actividad y otros temas este lunes en nuestra edición impresa y en nuestro portal.

Los desafíos clave que ProCompetencia identifica en la era de la economía de plataformas

  • Delimitación del mercado: Las plataformas digitales suelen ser multifuncionales. Servicios de mensajería, búsqueda, comercio y entretenimiento convergen en un mismo ecosistema (piénsese en Google o Amazon), lo que dificulta definir fronteras claras de mercado bajo el análisis antimonopolio tradicional.
  • Medir el poder en la era del “gratis”: Muchas plataformas ofrecen servicios aparentemente gratuitos, monetizando a través de publicidad o uso de datos. Las métricas clásicas de concentración -como cuota de mercado o índices precio-costo- se quedan cortas cuando el “precio” que paga el usuario es, en realidad, sus datos personales o su atención. Para ProCompetencia, evaluar el poder de mercado exige considerar factores como el acceso a datos masivos o los efectos de red que atrapan a los usuarios en un solo ecosistema digital.
  • “Pago” con datos y competencia: Si bien el usuario no desembolsa dinero por ciertos servicios, entrega información valiosa. Este modelo de negocio basado en datos complica los análisis tradicionales centrados en la variable precio-calidad. Por ejemplo, una red social puede alegar que no abusa de precios -pues es gratis-, pero podría estar dañando a los usuarios al extraer grandes cantidades de datos o bloquear la entrada de rivales, cuestiones que la autoridad de competencia debe ponderar.
  • Regulación vs. velocidad tecnológica: Mientras los mercados digitales evolucionan a velocidad vertiginosa, los procesos regulatorios y judiciales avanzan con lentitud. Para cuando se investiga una conducta anticompetitiva o se legisla una norma, la tecnología ya dio varios pasos más. Esta brecha exige que las autoridades sean más proactivas y ágiles, explorando herramientas novedosas (como regulaciones temporales o “sandboxes” regulatorios) para no quedarse atrás en la protección del mercado y del consumidor.

Para ProCompetencia, la misma tecnología que complica el panorama ofrece soluciones (big data para detectar colusión, algoritmos pro-competencia, cooperación internacional más eficiente), y República Dominicana tiene las condiciones para aprovechar la transformación digital en beneficio de todos. El país cuenta con estabilidad económica, una población joven cada vez más preparada y políticas estatales impulsando áreas como la inteligencia artificial y la industria tecnológica. Con ese capital, la tarea es canalizar la innovación por la senda de la competencia leal.

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