El doloroso despertar de La Guaira tras el terremoto

Por Wilson Mejía

LA GUAIRA- Después de la tormenta no siempre llega la calma, y hoy la realidad que viven los venezolanos lo reafirma. Si los aeropuertos constituyen la primera y última impresión que se lleva un visitante, el Aeropuerto Internacional de Maiquetía Simón Bolívar ubicado en el municipio Vargas del estado La Guaira rompe cualquier expectativa positiva. En lugar de transmitir una buena bienvenida, su entorno anticipa a quienes aterrizan la cruda realidad del país: una antesala a la crisis que viven miles de familias luego de que los fatídicos terremotos convirtieran sus hogares en escombros, obligándolos a desplazarse a las márgenes de las vías públicas, parques y estadios deportivos en refugios improvisados.

El trayecto desde la terminal aérea hacia el interior del estado La Guaira evidencia el drama humanitario. Los campamentos informales, levantados por los propios sobrevivientes de la tragedia, son ahora la primera postal que reciben los equipos de asistencia internacional que llegan para colaborar. Edificaciones reducidas a escombros, un silencio sepulcral, un clima gris y el persistente hedor a cadáveres en algunas zonas de desastre componen el panorama una vez que se ingresa al corazón de la región.

Vivir en la incertidumbre: El drama en los estadios

Uno de los puntos críticos transformados en campamento de refugiados es el estadio César Nieves de Catia La Mar. Allí, familias completas duermen, cocinan y pasan los días y las noches a la intemperie, bajo la sombra de la incertidumbre y sin expectativas claras sobre las decisiones que tomará el Gobierno venezolano.

“No sabemos qué van a hacer con nosotros ni cuál será la decisión del Gobierno; si nos van a reconstruir nuestras casas o a reubicar”, expresó Ingri Espinosa, de 48 años, quien cohabita con cuatro personas más en una de las carpas.

Una angustia que comparte Marta Valdez, quien sufrió la pérdida total de su vivienda: “Aquí no ha venido nadie del Gobierno a decirnos cuál será nuestro destino. Tengo tres hijos y no sé qué harán con nosotros; espero en Dios que nos reubiquen en un lugar seguro”.

Relatos del terror

Los hermanos José Antonio y Karina Marcano, quienes lograron salvar a sus familias a tiempo, rememoran con lucidez los devastadores minutos del sismo.

Karina Marcano (42 años): “Fue algo terrible. Estaba lavándome el cabello cuando todo empezó a moverse; salí huyendo con mis dos niños tomados de los brazos hacia la calle y nos lanzamos al suelo”.

José Antonio Marcano: “Yo corrí hacia la calle llamando a mi hermana y buscando a mis sobrinos. Cuando miré hacia atrás, la casa ya estaba destruida por la mitad”.

El impacto en las zonas residenciales fue catastrófico. Richard Rojas, de 73 años, presenció el colapso estructural desde el bloque 1 de la urbanización Páez, en Catia La Mar.

“Estaba saliendo de mi apartamento cuando todo ocurrió y vi cómo se desplomó el bloque 3, donde colapsaron 93 apartamentos y fallecieron 114 personas. A 11 días de la tragedia, todavía están buscando cadáveres”, relató Rojas, quien, de manera sorprendente, intenta mantener el optimismo pese a la devastación que lo rodea.

Alerta sanitaria en los refugios

A la pérdida material se suma la crisis de servicios básicos. Actualmente persisten necesidades urgentes de agua segura, saneamiento, alimentos y atención médica.

Los equipos humanitarios en el terreno han advertido que la falta de duchas, las deficiencias en la gestión de residuos y las severas dificultades para acceder a agua potable elevan exponencialmente los riesgos epidemiológicos y de salud pública, especialmente en espacios donde decenas de familias deben compartir las mismas y precarias instalaciones.

Balance oficial de víctimas

De acuerdo con las últimas cifras oficiales ofrecidas este domingo por el presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, las víctimas mortales por el sismo ya ascienden a 3,342, mientras que el número de heridos se elevó a 16,740, consolidando este evento como uno de los desastres más graves en la historia reciente de la nación.

Autor: Wilson Mejia

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