La publicación tardía del Índice de Precios al Consumidor (IPC) en Estados Unidos ofreció un respiro parcial frente a las expectativas, pero dejó más preguntas que certezas. La falta de datos mensuales, consecuencia del último cierre gubernamental, dificulta evaluar la trayectoria real de la inflación y complica el relato político y monetario.
El IPC estadounidense mostró una inflación general de 2.7% interanual en noviembre y una subyacente de 2.6%, por debajo de lo previsto por los mercados. Sin embargo, la ausencia de variaciones mensuales, habituales para identificar tendencias, convierte el informe en una fotografía borrosa más que en una película clara. Algunos rubros siguen presionando: vivienda y alquileres suben cerca de 3% anual, mientras que alimentos como carnes y huevos acumulan incrementos cercanos al 5%.
La publicación también se produce en un momento en que la Casa Blanca busca calmar la ansiedad de los votantes sobre la inflación.
En su discurso del miércoles por la noche, el presidente Donald Trump intentó destacar sus logros políticos y atribuir la persistente presión sobre los precios a la administración Biden, al tiempo que prometía que la reducción de costos llegaría en 2026.
Sin embargo, el énfasis de Trump también sirve para subrayar la preocupación de los estadounidenses por la economía, ya que las encuestas recientes sugieren que una recesión podría estar en camino. Ahora, los nuevos datos de inflación hacen que cualquier giro positivo sea más forzado.
Fed cauta y narrativa política en tensión
La Reserva Federal, tras recortar tasas tres veces en el último semestre de 2025, insiste en una estrategia prudente. Jerome Powell ha advertido que los aranceles podrían estar filtrándose en los precios, pero aún falta evidencia para definir si el impacto será transitorio o persistente.
En paralelo, el presidente Donald Trump busca capitalizar cualquier señal de alivio inflacionario, responsabilizando a la administración previa por las presiones de precios. Sin embargo, la ambigüedad de los datos reduce la efectividad del mensaje, justo cuando crece el temor a una desaceleración económica.
