Alan Greenspan, el economista que presidió la Reserva Federal de Estados Unidos durante casi 19 años y se convirtió en una de las figuras más influyentes de las finanzas globales, murió este lunes a los 100 años por complicaciones derivadas de la enfermedad de Parkinson.
La información fue comunicada por su esposa, la periodista Andrea Mitchell, quien destacó la brillantez intelectual y la calidad humana de quien dirigió la institución monetaria estadounidense entre 1987 y 2006.
Greenspan ocupó la presidencia de la Reserva Federal durante los gobiernos de Ronald Reagan, George H. W. Bush, Bill Clinton y George W. Bush. Su permanencia al frente del banco central estadounidense lo convirtió en uno de los responsables de política monetaria con mayor influencia en la historia contemporánea.
El “maestro” de la Reserva Federal
Durante la década de 1990, Greenspan fue reconocido como una de las voces más escuchadas de Washington y Wall Street. Su gestión coincidió con una prolongada etapa de crecimiento económico, baja inflación, expansión del empleo y auge tecnológico en Estados Unidos.
El economista ganó fama por su estilo técnico, prudente y deliberadamente ambiguo, conocido como “Greenspeak”, una forma de comunicación que era seguida con atención por los mercados financieros internacionales.
En 1996 pronunció una de las frases más recordadas de su carrera al advertir sobre la posibilidad de una “exuberancia irracional” en los mercados. La expresión quedó asociada a la burbuja tecnológica de finales de los años noventa y a los debates sobre el papel de los bancos centrales frente a las burbujas especulativas.
Un legado revisado tras la crisis financiera
La imagen de Greenspan cambió después de la crisis financiera global de 2007 y 2008. Economistas, reguladores y legisladores cuestionaron su respaldo a una menor intervención estatal en el sistema financiero y su confianza en que las instituciones privadas podían controlar sus propios riesgos.
Sus críticos sostienen que esa visión contribuyó a crear condiciones que facilitaron el auge de créditos hipotecarios de alto riesgo, la expansión de instrumentos financieros complejos y la formación de la burbuja inmobiliaria estadounidense.
Greenspan reconoció años después que la crisis había revelado una debilidad en su convicción de que los mercados financieros podían autorregularse. Aun así, defendió parte de sus decisiones y argumentó que las burbujas financieras resultan difíciles de detectar y contener antes de que estallen.
Con su muerte desaparece una figura que marcó una época en la economía estadounidense. Alan Greenspan será recordado como el hombre que condujo a la Reserva Federal durante años de prosperidad, pero también como uno de los protagonistas de un modelo financiero cuya fragilidad quedó expuesta con la Gran Recesión.
