La carrera armamentística de la inteligencia artificial ya está aquí. Países de todo el mundo están gastando millones para introducir la última tecnología de inteligencia artificial en sus operaciones militares.
La inteligencia artificial puede automatizar algunas operaciones militares y ahorrar un tiempo crucial al acelerar ciertos aspectos de la toma de decisiones estratégicas bajo supervisión humana, como la identificación de objetivos y la elaboración de planes de acción.
Pero a pesar de todas sus ventajas, esta tecnología también preocupa a algunos expertos. Para nada es un secreto que todos sufrimos de «sesgo de automatización», es decir, la idea de que nos sentimos tentados a aceptar (y a menudo aceptamos) la recomendación que arroja un gran modelo de lenguaje o la predicción que hace uno de estos sistemas, porque sentimos que el sistema debe tener más información que nosotros.
Este comportamiento, cuando hablamos de guerra, alcanza una dimensión mucho más complicada. Y se agrava más cuando entendemos que los sistemas de IA son como «cajas negras», ya que resulta difícil para los usuarios comprender cómo o por qué llegan a ciertas conclusiones.
Le recomendamos leer
De los datos al objetivo: el nuevo ciclo militar
La IA militar opera fusionando miles de señales: comunicaciones interceptadas, patrones de tráfico, imágenes satelitales, movimientos térmicos, cambios en rutas marítimas y datos históricos. Plataformas como Palantir AIP o sistemas de análisis predictivo usados por fuerzas armadas permiten generar recomendaciones casi en tiempo real. En Gaza, sistemas como Habsora redujeron el proceso de identificación de objetivos de horas a minutos, marcando el inicio de una guerra algorítmica a escala industrial.
Esta velocidad redefine la cadena de mando. En vez de analizar informes largos o evaluar manualmente patrones, los comandantes reciben listados priorizados de “objetivos sugeridos”. La supervisión humana permanece, pero subordinada a un modelo que clasifica amenazas con sus propios criterios. Esto no es ciencia ficción: es política militar actual. Los contratos firmados por Estados Unidos, Israel y aliados con empresas tecnológicas consolidan un ecosistema donde la IA toma decisiones tácticas con un peso decisivo.
Países que están usando IA en sus objetivos militares
Estados Unidos

El hoy Departamento de Guerra (antes de Defensa) está ampliando considerablemente el uso de la inteligencia artificial en las fuerzas armadas. Según un informe de Brookings, el valor potencial de todos los contratos federales relacionados con la IA aumentó en casi un 1200% solo entre 2022 y 2023, y gran parte de este gasto fue realizado por el Pentágono, de modo que «todas las demás agencias se convierten en un error de redondeo».
El Departamento ha estado trabajando desde 2021 para incorporar capacidades de IA a las operaciones de defensa, incluso mediante el uso de armas autónomas y visión por computadora impulsada por IA para identificar objetivos de ataques aéreos.
Recientemente, el Pentágono adjudicó a gigantes como Scale AI y Palantir (esta última involucrada en las operaciones en Gaza y ahora en Lanza del Sur) contratos multimillonarios para integrar modelos de IA en los flujos de trabajo de planificación y toma de decisiones militares.
Pero no solo estas dos. OpenAI firmó un contrato de defensa a mediados de año por valor de 200 millones de dólares y Meta se ha asociado con la startup de defensa Anduril para desarrollar gafas de combate con inteligencia artificial para soldados. Incluso, en junio de este año, el Ejército anunció la creación del Destacamento 201, también conocido como el «Cuerpo Ejecutivo de Innovación», en la que cuatro altos ejecutivos de Palantir, Meta y OpenAI se les nombró formalmente tenientes coroneles del Ejército de Estados Unidos tras la creación de una unidad «especial» creada para magnates ricos de las grandes tecnológicas que buscan puestos de liderazgo militar.
GEN George and I are thrilled to welcome four brilliant minds from the tech sector to the @USArmy! Today, we commissioned four exceptional individuals as Lieutenant Colonels in the Army's Detachment 201 (Executive Innovation Corps).
— Secretary of the Army (@SecArmy) June 14, 2025
Their unique skills will be instrumental in… pic.twitter.com/zyZTaDNKOW
Todo ello mientras Trump impulsa un presupuesto de defensa de 1 billón de dólares, el mayor de la historia de Estados Unidos.
Israel

Las capacidades de inteligencia artificial llevan tiempo integradas en las operaciones militares israelíes y han cobrado cada vez más protagonismo a medida que continúa la guerra de Israel contra Gaza.
Una larga lista de grandes empresas tecnológicas han proporcionado servicios de IA al ejército israelí para su uso en operaciones y toma de decisiones en tiempos de guerra, lo que ha generado preocupación por el papel de esta tecnología en las violaciones de derechos humanos contra civiles palestinos.
Palantir firmó el año pasado una alianza estratégica con el Ministerio de Defensa israelí para aumentar el uso de su tecnología de IA en apoyo de las “misiones relacionadas con la guerra” del ejército, según informó Bloomberg.
Google y Amazon, por su parte, han proporcionado servicios de IA al ejército israelí desde 2021 en el marco de su controvertido “Proyecto Nimbus”, valorado en 1.200 millones de dólares. Alphabet (matriz de Google) tomó la decisión a pesar de que algunos directivos de la empresa advirtieron que la tecnología podría utilizarse para facilitar violaciones de los derechos humanos, según un informe del New York Times.
Una reciente investigación de Associated Press reveló que el ejército israelí utiliza tecnología de inteligencia artificial de Microsoft y OpenAI, incluyendo modelos creados para uso comercial. La investigación también indicó que el ejército israelí emplea IA para analizar información de inteligencia y comunicaciones interceptadas, identificando objetivos para ataques con drones y vigilancia masiva.
China

Beijing es quizás el principal rival de Estados Unidos en la carrera armamentística de la IA.
El líder chino Xi Jinping ha convertido la inteligencia artificial militar en una prioridad estratégica fundamental. El Ejército Popular de Liberación ha invertido fuertemente en el desarrollo de la IA para mejorar el conocimiento de la situación, el uso de armas no tripuladas, la toma de decisiones y otras áreas. El interés de Pekín en este tema ha generado preocupación entre innovadores y políticos estadounidenses. Alexandr Wang, director ejecutivo de Scale AI, afirmó que esta tecnología podría ayudar a China a superar la capacidad militar de las potencias occidentales.
A finales del año pasado, el ejército chino habría utilizado una versión preliminar de Llama de Meta como base para desarrollar ChatBIT, una herramienta de IA de uso militar. Esta IA militar puede recopilar y procesar información de inteligencia y ofrecer datos para la toma de decisiones operativas.
El South China Morning Post, con sede en Hong Kong, informó que el Ejército Popular de Liberación comenzó a utilizar el modelo de IA de DeepSeek para apoyo no relacionado con el combate. Según los informes, el modelo se está utilizando principalmente en hospitales militares por el momento.
Rusia

Desde 2018, Rusia ha estado inmersa en una importante revisión del desarrollo de armas de alta tecnología, denominadas superoruzhie de Putin (también conocidas como «superarmas»), en un esfuerzo por contrarrestar la percibida fortaleza tecnológica militar de las potencias occidentales.
La guerra de Rusia contra Ucrania fue uno de los primeros casos documentados del uso de armas militares con IA en combate activo, incluyendo sistemas de guerra electrónica capaces de interferir las comunicaciones. Pero quizás el método más notorio de guerra rusa basado en IA sea el uso de esta tecnología para intensificar campañas de desinformación a gran escala.
Sin embargo, las capacidades militares rusas en inteligencia artificial se han desarrollado más lentamente de lo previsto, y los expertos afirman que Occidente duda de la capacidad de Moscú para ampliar su desarrollo. Rusia invierte menos en investigación y desarrollo que otras superpotencias como Estados Unidos o China y se enfrenta a problemas de captación y retención de talento, lo que la sitúa por detrás de estos países en el desarrollo y la expansión de estas tecnologías. No obstante, según informes recientes, Rusia ha solicitado la ayuda de China para desarrollar sus capacidades en inteligencia artificial.
Ucrania

Al igual que Rusia, Ucrania también se está centrando en desarrollar y ampliar sus capacidades militares de IA.
Aunque el despliegue actual de la IA militar ucraniana en el terreno es solo parcial, donde los oficiales toman las decisiones finales, el país está invirtiendo cada vez más en esta tecnología para lograr su principal objetivo: reemplazar a los humanos en combate directo con sistemas autónomos no tripulados. Para alcanzar este objetivo, Ucrania ha buscado la ayuda de importantes empresas tecnológicas estadounidenses como Anduril, Palantir, Microsoft, Amazon y Google.
Ucrania está utilizando esta tecnología para desarrollar drones autónomos, herramientas con inteligencia artificial que proporcionan información en tiempo real para apoyar la toma de decisiones estratégicas en tiempos de guerra y localizar objetivos, desactivar minas terrestres y entrenar soldados mediante simulaciones de IA. El país también se ha asociado con Scale AI para facilitar la planificación de la recuperación mediante el análisis de los daños causados por los ataques con drones rusos tras los bombardeos.
Corea del Sur

Corea del Sur trabaja sin descanso para desarrollar capacidades de IA militar que contrarresten las amenazas de Corea del Norte, respaldada por Rusia, y que ayuden a fortalecer su poderío militar en el contexto de una población en declive.
Según informes, Corea del Sur probó sus primeros modelos de inteligencia artificial de desarrollo propio durante ejercicios militares conjuntos con Estados Unidos a principios de este mes. El sistema, denominado Generative Defense AI, se probó en el ejercicio militar para determinar si puede aplicarse a sistemas reales de mando y control, según el Ministerio de Defensa surcoreano.
Corea del Norte

El líder norcoreano Kim Jong Un supervisó a mediados de año una prueba de drones suicidas y de reconocimiento totalmente nuevos equipados con inteligencia artificial.
“El campo de los equipos no tripulados y la inteligencia artificial debe ser una prioridad máxima y desarrollarse en la modernización de las fuerzas armadas”, dijo Kim, según la agencia estatal de noticias KCNA.
Los expertos afirman que Corea del Norte está recibiendo ayuda técnica de Rusia para ampliar sus capacidades tecnológicas militares, incluido el uso de inteligencia artificial.
Si bien los esfuerzos militares de Corea del Norte en materia de IA carecen, como era de esperar, de transparencia, la KCNA informó que Kim también fue informado el jueves en el sitio de pruebas sobre los nuevos avances tecnológicos en capacidades de recopilación de inteligencia, interferencia electrónica y sistemas de ataque.
Reino Unido

El gobierno del Reino Unido creó el Centro de Inteligencia Artificial de Defensa en 2021 con el objetivo de transformar su departamento de defensa en una organización preparada para la IA. Según su página web, el centro pretende desarrollar IA que acelere las operaciones de defensa y la toma de decisiones, y que automatice las tareas «aburridas, sucias y peligrosas».
Para lograr este objetivo, el Reino Unido ha estado invirtiendo sus recursos en la investigación sobre cómo la IA puede plantear amenazas, pero también ser utilizada para desarrollar armas tanto en el campo de batalla como en la guerra cibernética.
¿Puede la IA tomar decisiones de vida o muerte?
La pregunta ya no es teórica. En varios teatros de conflicto, la inteligencia artificial participa activamente en decisiones que terminan en acciones letales. Aunque los gobiernos insisten en que «el humano siempre decide», en la práctica la IA filtra, clasifica y prioriza posibles objetivos, condicionando la acción militar de forma determinante.
Sistemas como los usados en Gaza, incluyendo modelos integrados a plataformas como Habsora y Palantir AIP, combinaron datos masivos para generar listas de objetivos casi automáticamente. En escenarios como vigilancia marítima o control territorial, la IA clasifica patrones irregulares, movimientos sospechosos y señales térmicas anómalas. Si un bote se desvía de una ruta típica, el sistema puede marcarlo como amenaza. El militar observa un aviso sintetizado y, bajo presión temporal, actúa según esa sugerencia. La IA no “dispara”, pero configura el marco donde la acción ocurre.
La mayor preocupación es la responsabilidad. Si un modelo se equivoca, ¿quién responde? El programador que diseñó el algoritmo, la empresa contratista, el comandante que autorizó el sistema o el operador que ejecutó la acción final. La guerra algorítmica fragmenta la cadena de mando y debilita la rendición de cuentas.
Este modelo ahora se expande (o ya opera) en el caribe a través de sistemas autónomos vinculados a operaciones de vigilancia y patrullaje. La combinación de sensores, IA militar y plataformas de fusión de datos convierte al algoritmo en actor clave. Si la tecnología clasifica erróneamente una embarcación civil como amenaza, puede activar respuestas automáticas respaldadas por autoridades lejanas. La región enfrenta así una arquitectura que decide antes de que un humano evalúe.
La posibilidad de que la IA tome decisiones de vida o muerte no es solo un dilema ético: redefine soberanías, altera operativos y desplaza el control real desde los Estados hacia infraestructuras tecnológicas privadas.
