SANTO DOMINGO.— La victoria demócrata en las elecciones de medio término de Estados Unidos modifica de manera significativa el escenario político que enfrentará el presidente Donald Trump durante los últimos dos años de su mandato, pero no significa que pierda automáticamente facultades como imponer determinados aranceles o emitir órdenes ejecutivas.
Los demócratas consiguieron el control tanto de la Cámara de Representantes como del Senado, convirtiéndose desde enero en el principal contrapeso institucional de una Casa Blanca que durante los primeros dos años del segundo mandato de Trump había contado con mayorías republicanas en el Congreso.
Para el politólogo y experto en relaciones internacionales Luis González, consultado por elCaribe, el resultado constituye un cambio profundo en la relación entre el Ejecutivo y el Legislativo. “Un contrapeso real”, resumió.
González considera que Trump tendrá ahora mayores dificultades para convertir parte de su agenda política en leyes y enfrentará un Congreso con capacidad para exigir explicaciones sobre gastos, operaciones internacionales y decisiones de su administración.
Pero, ¿hasta dónde puede realmente frenar un Congreso demócrata al presidente?

Los aranceles no desaparecen por la derrota electoral
Uno de los puntos más importantes está en la política comercial.
Trump ha utilizado durante su segundo mandato facultades presidenciales delegadas previamente por el propio Congreso para imponer aranceles a distintos países.
La Constitución estadounidense concede originalmente al Congreso la autoridad sobre los aranceles y el comercio exterior, pero durante décadas el Legislativo ha transferido parte de esas atribuciones al Ejecutivo mediante diferentes leyes.
Entre ellas figuran la International Emergency Economic Powers Act (IEEPA) y la Sección 232 de la Ley de Expansión Comercial, utilizadas por la administración Trump para justificar diversas medidas comerciales.
Esto significa que la llegada de una mayoría demócrata no elimina automáticamente los aranceles vigentes.
El presidente puede continuar utilizando las facultades que las leyes actuales le conceden mientras esas normas permanezcan en vigor y se cumplan los requisitos correspondientes.
Sin embargo, el nuevo Congreso tendrá herramientas para intentar reducir ese margen de maniobra.
Puede aprobar leyes que modifiquen o restrinjan las facultades presidenciales sobre comercio, exigir autorización legislativa para determinados aranceles o intentar poner fin a emergencias nacionales utilizadas como fundamento para imponerlos. El Servicio de Investigación del Congreso ha señalado expresamente que el Legislativo tiene capacidad para modificar o limitar esas facultades delegadas.
El obstáculo será Trump. Cualquier legislación aprobada por ambas cámaras puede ser vetada por el presidente. Para superar ese veto sería necesario el apoyo de dos tercios de la Cámara y del Senado, una mayoría mucho más difícil de alcanzar.
Por eso, un Congreso demócrata puede complicar la política arancelaria de Trump, pero no necesariamente desmantelarla.

Trump todavía podrá gobernar mediante órdenes ejecutivas
González entiende que una consecuencia de la derrota republicana será un mayor uso de las órdenes ejecutivas. “Donald Trump va a tener que seguir gobernando en base a órdenes ejecutivas”, expresó a elCaribe.
Ese escenario es posible, aunque con una precisión: el presidente no necesita autorización del Congreso para todas sus decisiones ejecutivas, siempre que actúe dentro de competencias que la Constitución o las leyes ya le reconocen.
Las órdenes ejecutivas seguirán siendo una herramienta importante para inmigración, regulación administrativa, política exterior y aplicación de leyes existentes.
Lo que cambia es que Trump tendrá menos posibilidades de aprobar nuevas leyes importantes sin negociar con los demócratas.
Un Congreso opositor también puede responder mediante legislación, restricciones presupuestarias, investigaciones y audiencias públicas.

Un Senado demócrata puede bloquear nombramientos
La pérdida del Senado supone una limitación particularmente importante. La Cámara Alta interviene en la confirmación de jueces federales, integrantes del gabinete, embajadores y numerosos altos funcionarios.
Con una mayoría demócrata, Trump podría encontrar mayores dificultades para confirmar determinados candidatos durante la segunda mitad de su mandato.
Reuters señala que, tras la victoria electoral, los demócratas estarán en posición de bloquear nominaciones presidenciales y utilizar sus mayorías para investigar a la administración.
Esto convierte el resultado del Senado en algo mucho más trascendental que un simple cambio partidario: puede afectar directamente la capacidad del presidente para llenar cargos estratégicos dentro del Estado.
Notas relacionadas
Política exterior: más preguntas sobre Irán y Venezuela
González considera que otro de los grandes cambios estará en el control sobre la política exterior.
“Esas operaciones que está haciendo en Irán, lo que hizo en Venezuela, todo eso va a tener que explicarlo a un Congreso que le va a preguntar todo lo que está gastando en el mundo”, afirmó.
El Congreso estadounidense dispone de facultades importantes sobre el presupuesto federal, incluidas las partidas destinadas a operaciones militares y asistencia internacional.
También puede convocar funcionarios, abrir investigaciones y utilizar sus comités para fiscalizar las decisiones del Ejecutivo. Esto no significa que Trump tenga que solicitar autorización legislativa para cada acción internacional.
La Presidencia estadounidense mantiene amplias facultades en política exterior y como comandante en jefe de las Fuerzas Armadas.
Sin embargo, un Congreso controlado por el partido opositor puede aumentar considerablemente la presión mediante investigaciones, control presupuestario y resoluciones relacionadas con poderes de guerra.
La guerra con Irán fue, precisamente, uno de los asuntos que pesaron sobre los republicanos en las elecciones, junto con el costo de vida y los efectos económicos de los aranceles, de acuerdo con los análisis postelectorales.

Trump ya no podrá aprobar su agenda sin negociar
La consecuencia política más inmediata será el bloqueo legislativo.
Durante los próximos dos años, cualquier gran reforma impulsada por la Casa Blanca necesitará pasar por un Congreso controlado por los demócratas.
Eso afecta proyectos relacionados con impuestos, presupuesto, inmigración, salud, gasto público y otras áreas que requieren legislación.
Trump conserva el poder de veto frente a proyectos demócratas, mientras los demócratas pueden impedir que avancen iniciativas republicanas.
El escenario, por tanto, apunta a un Gobierno dividido, donde ambas partes tendrán que negociar para aprobar legislación de gran alcance.
González considera que Trump todavía tiene la posibilidad de modificar su estrategia.
“Él podría todavía reivindicarse gobernando con los demócratas. Pero ya sabe que tiene que ceder en muchos aspectos”, señaló.

¿Es Trump ahora un “pato cojo”?
González utilizó la expresión estadounidense lame duck —“pato cojo”— para describir la pérdida de poder político del mandatario.
“Donald Trump se queda como un pato cojo”, manifestó.
En sentido estricto, el término suele utilizarse para describir a un funcionario cuyo sucesor ya ha sido elegido o cuyo período está próximo a terminar y que posee menor capacidad política.
En el caso de Trump, lo que sí puede afirmarse es que entra en los últimos dos años de su presidencia con menos poder legislativo que antes de las elecciones.
El mandatario conserva, sin embargo, las facultades constitucionales de la Presidencia, incluida la emisión de vetos y órdenes ejecutivas y amplias competencias en política exterior.
Una derrota amplia para los republicanos
González señaló que las derrotas de los partidos gobernantes durante elecciones de medio término no son excepcionales en la política estadounidense.
Lo extraordinario, a su juicio, estuvo en la magnitud del resultado.
Los demócratas recuperaron ambas cámaras y consiguieron victorias incluso en estados tradicionalmente republicanos.
Reuters reportó que el partido obtuvo al menos 28 escaños adicionales en la Cámara de Representantes, mientras todavía existían contiendas senatoriales pendientes que podían aumentar su mayoría.
La elección produjo además varios hitos.
El demócrata Abdul El-Sayed, elegido en Michigan, se convirtió en el primer musulmán electo al Senado de Estados Unidos.
En Texas, Gina Hinojosa derrotó al gobernador republicano Greg Abbott y se convirtió en la primera latina elegida gobernadora del estado, poniendo fin además a tres décadas de dominio republicano en esa posición.

El voto latino volvió a moverse hacia los demócratas
González también destacó la importancia del electorado latino.
Los datos posteriores a la elección respaldan que hubo un cambio relevante respecto a 2024.
La encuesta nacional AP Voter Poll encontró que aproximadamente seis de cada diez votantes hispanos apoyaron a candidatos demócratas a la Cámara, una recuperación importante para el partido después de las ganancias obtenidas por Trump entre latinos durante la elección presidencial de 2024.
El movimiento fue especialmente visible en Texas, donde los demócratas obtuvieron victorias tanto en la gobernación como en la contienda senatorial.
González entiende que esa participación electoral constituye uno de los factores que deberán observarse de cara a las siguientes elecciones estadounidenses.
¿Qué puede significar para República Dominicana?
Para República Dominicana, González no espera un cambio radical inmediato.
“Para la República Dominicana los cambios no serán tan trascendentales”, sostuvo.
Sin embargo, considera que un Congreso demócrata podría ejercer mayor presión sobre determinados asuntos relacionados con Haití y la política migratoria estadounidense.
“Los demócratas han presionado más a República Dominicana con respecto al tema de Haití. Tenemos que prepararnos para eso”, afirmó.
Esta valoración corresponde al análisis del politólogo y no significa que el nuevo Congreso haya anunciado hasta ahora una política específica dirigida contra República Dominicana.
En la práctica, la política exterior estadounidense continuará siendo conducida principalmente desde la Presidencia y el Departamento de Estado, aunque los comités del Congreso pueden convocar audiencias, aprobar resoluciones, condicionar recursos y ejercer presión política.
Para Luis González, comienza una etapa en la que la palabra que definirá la relación entre la Casa Blanca y el Capitolio será precisamente la que destacó durante su conversación con elCaribe: contrapeso.
