León XIII vio venir el siglo XX desde la fábrica y León XIV intenta leer el siglo XXI desde el algoritmo. El primero con Rerum Novarum, publicada por León XIII en 1891, y ahora con Magnifica Humanitas, primera encíclica de León XIV, presentada este lunes
Rerum Novarum miró de frente a la fábrica, al salario injusto y al obrero explotado por el capitalismo industrial, mientras que Magnífica Humanitas mira al algoritmo, a la inteligencia artificial y qué queda de la persona cuando la máquina empieza a decidir por ella.
La relación entre ambas no es casual. Magnifica Humanitas fue firmada el 15 de mayo de 2026, justo en el 135.º aniversario de Rerum Novarum, y está dedicada a “la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial”, según el texto oficial de la Santa Sede. León XIV parece haber querido enviar un mensaje nítido: así como León XIII respondió a las “cosas nuevas” de la revolución industrial, la Iglesia debe responder ahora a las “cosas nuevas” de la revolución digital.
Cuando la Iglesia «descubrió» al obrero

A finales del siglo XIX, Europa vivía una transformación brutal. Las fábricas reorganizaban la economía, las ciudades crecían con rapidez, las jornadas laborales eran extenuantes y millones de obreros quedaban atrapados entre la necesidad y el poder de los patronos. En ese contexto, León XIII publicó Rerum Novarum, una encíclica sobre la condición de los trabajadores que se convirtió en el punto de partida de la Doctrina Social moderna de la Iglesia.
Su audacia estuvo en rechazar dos reducciones: la del capitalismo salvaje, que trataba al trabajador como una pieza productiva, y la del socialismo materialista, que podía diluir a la persona en la masa. León XIII defendió el salario justo, la propiedad privada con función social, el derecho de asociación obrera y la obligación moral de proteger a los más vulnerables. Más que un texto económico, Rerum Novarum fue una advertencia espiritual: ningún sistema puede construirse sobre la humillación del ser humano.

Por su parte, León XIV parte de una intuición parecida: la inteligencia artificial no es solo una herramienta técnica, sino que es una nueva infraestructura de poder, reorganiza el trabajo, la información, la educación, la guerra, la creatividad, la vigilancia, la salud y hasta la forma en que las sociedades distinguen la verdad de la manipulación.
Por eso Magnifica Humanitas puede leerse como una Rerum Novarum digital. Si León XIII preguntó qué pasaba cuando el obrero quedaba sometido a la fábrica, León XIV pregunta qué ocurre cuando la persona queda expuesta a sistemas automatizados, empresas tecnológicas globales y Estados capaces de delegar decisiones humanas en máquinas.
Vatican News resume el centro del documento en una idea decisiva: la inteligencia artificial debe servir a la humanidad y no concentrar el poder en pocas manos. La encíclica insiste en la dignidad del trabajo, la justicia social, la verdad y la paz como criterios para juzgar el desarrollo tecnológico.
De lo industrial a lo digital

El título Rerum Novarum significa “de las cosas nuevas”. En 1891, esas cosas nuevas eran la industrialización, el capitalismo moderno, la cuestión obrera y el conflicto entre clases. En 2026, las nuevas realidades son los modelos de inteligencia artificial, la automatización laboral, la concentración de datos, la guerra autónoma, la desinformación algorítmica y la posibilidad de que una minoría controle los sistemas que median la vida de millones.
Ambas encíclicas aparecen cuando una tecnología deja de ser simplemente técnica y se convierte en estructura social: la máquina de vapor no solo movió fábricas; cambió el mundo, mientras que la IA no solo procesa datos; sino que empieza a condicionar decisiones, vínculos, empleos, narrativas y libertades. León XIII defendió que la economía debía estar subordinada a la dignidad humana. León XIV aplica el mismo principio a la tecnología: la innovación no puede convertirse en una religión civil ante la cual todo deba sacrificarse.
En Rerum Novarum, el centro del drama era el salario: ¿puede un trabajador vivir dignamente de su trabajo?, ¿puede sostener a su familia?, ¿puede asociarse para defenderse?, ¿debe intervenir el Estado cuando el mercado produce abuso? En Magnifica Humanitas, esas preguntas se expanden: ya no se trata solo del salario, sino del dato, del algoritmo, del modelo, de la transparencia y del control. ¿Quién decide qué sistemas se entrenan con nuestras voces, imágenes y textos? ¿Quién se beneficia de la automatización? ¿Qué ocurre con el trabajador cuando su oficio es reemplazado, devaluado o imitado por una máquina?
La nueva cuestión social no elimina la vieja, sino que la actualiza: la fábrica del siglo XIX explotaba cuerpos, mientras que la economía algorítmica puede explotar atención, creatividad, identidad, privacidad y conducta.
El mismo campanazo

León XIII vio venir el siglo XX desde la fábrica. León XIV intenta leer el siglo XXI desde el algoritmo. Uno habló cuando el obrero podía ser aplastado por el capital industrial. El otro habla cuando la persona puede ser absorbida por sistemas inteligentes capaces de vigilar, manipular, reemplazar y decidir.
La pregunta de fondo es la misma: ¿debe el ser humano adaptarse pasivamente al poder técnico y económico de su época, o debe ese poder someterse a una idea superior de dignidad?
Esa es la línea secreta que une Rerum Novarum con Magnifica Humanitas. No son dos textos separados por 135 años, sino dos campanas ante dos revoluciones distintas. La primera sonó cuando la fábrica amenazaba con devorar al trabajador, la segunda suena cuando el algoritmo amenaza con redefinir lo humano.
