Tras la reciente falla en la línea de transmisión 138 kV Los Mina-Villa Duarte, que desencadenó un evento de desconexión nacional, el balance ofrecido por el ministro de Energía y Minas, Joel Santos, obliga a una lectura técnica profunda. ¿estamos ante un evento fortuito o ante los síntomas de un estrés sistémico derivado de una red que lucha por transformarse en tiempo real?
No es un error humano, es el sistema bajo presión
La distinción fundamental entre el evento del pasado 11 de noviembre y el blackout de este lunes radica en el origen de la falla. Mientras que el incidente de noviembre fue producto de una «maniobra indebida» por parte de personal técnico, el evento actual se identifica como una falla intrínseca de la red. No obstante, la autoridad ha sido enfática: la investigación actual debe ser de «360 grados», abarcando aspectos técnicos y no técnicos para descartar cualquier factor externo o procedimental.
«En esta ocasión no hay ese elemento particular es decir no se debió a ninguna acción de un personal sino sino que el sistema… representó una falla», aseguró el ministro Santos este martes en Despierta con CDN de CDN 37.
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El informe preliminar del Organismo Coordinador precisó que las 10:43 de la mañana del lunes 23 de febrero se disparó la línea 138 kV a las 10:50 a.m., generando un evento de transmisión que disparó varios interruptores de 138,000 voltios en las subestaciones Hainamosa, Los Mina, Juan Dolio y Villa Duarte. Con el evento de transmisión, las centrales fotovoltaicas Washington Capital, Mata de Palma Solar, Maranatha y La Victoria perdieron tensión.
Al no tratarse de un «movimiento mecánico humano», la auditoría técnica del Comité de Falla se centrará ahora en la resiliencia de los activos y en la necesidad de robustecer los estándares de confiabilidad de la red troncal.
La paradoja del crecimiento
El dinamismo económico dominicano ha generado un fenómeno que podemos denominar la «paradoja del crecimiento»: el éxito en la expansión de la demanda eléctrica está estresando la infraestructura de transmisión a niveles sin precedentes. Solo en el último año, se integraron más de 1,000 MW de nueva generación, alternando fuentes térmicas y renovables, aseguró el ministro Santos.
Sin embargo, según sus datos, esta nueva energía no solo es más cuantiosa, sino que es geográficamente dispersa. El desplazamiento de los centros de carga y la entrada de fuentes renovables en distintos puntos del país han alterado el flujo tradicional del sistema.
A esto se suma el impacto del cambio climático, que altera el comportamiento del consumo, provocando picos de demanda impredecibles vinculados a las altas temperaturas. Este escenario exige que el «backbone» o columna vertebral de la red (las líneas de 345 kV y 138 kV) sea capaz de gestionar una intermitencia y una carga para la que no está diseñada.
El protocolo de protección

Es imperativo aclarar que el blackout total fue, en rigor, una respuesta de seguridad. El sistema eléctrico cuenta con un mecanismo de «retracción completa», una desconexión automática de generación diseñada para evitar daños físicos catastróficos en activos de alto costo.
La eficiencia de este protocolo se reflejó en la velocidad de respuesta. A diferencia de eventos históricos donde la recuperación tomaba días, en esta ocasión la carga comenzó a recuperarse apenas minutos después del colapso. No obstante, aunque el sistema estaba técnicamente listo para completar la carga a las 9:00 PM, la recuperación total se postergó hasta las 11:53 PM. Este margen de tiempo responde a un proceso «ordenado y coordinado» para garantizar la estabilidad de la frecuencia y evitar disparos en cadena durante la sincronización.
El protocolo actual se rige por:
- Evaluación del Comité de Falla: Una auditoría técnica inmediata de la secuencia de eventos.
- Restablecimiento gradual: Una carga controlada para proteger la integridad de la frecuencia del sistema.
- Diagnóstico 360: Una revisión integral que busca la raíz técnica para implementar medidas correctivas permanentes.
Las cifras

Para cerrar la brecha de desinversión estructural, el ministro Santos enfatizó que proyectan acelerar las inversiones, con foco en los cuellos de botella del sistema: la transmisión y la distribución. El fortalecimiento de las líneas de 345 kV y 138 kV serán la prioridad máxima para permitir que la nueva generación llegue a los nodos de consumo sin comprometer la estabilidad nacional.
Según el titular de Energía y Minas, se han destinado USD $450 millones para proyectos de transmisión y distribución entre 2025 y 2028 y, para el año en curso, se han presupuestado más de USD $400 millones específicamente para la mejora y adecuación de las redes de distribución.
Hacia una red de nueva generación
El sistema eléctrico dominicano ha dejado de ser el esquema centralizado de hace diez años. Hoy enfrentamos una red más grande, más diversificada y significativamente más compleja. El evento de febrero es un recordatorio de que la estabilidad energética es un objetivo en movimiento que requiere de una actualización tecnológica constante.
Las autoridades tienen el deber de responder a una población con pleno derecho a exigir un servicio estable. La modernización tiene un costo elevado, pero el costo de la inacción y de la inestabilidad sistémica es, sin duda, mucho mayor para el desarrollo nacional. La pregunta final no es si el sistema fallará de nuevo, sino qué tan robustas serán nuestras defensas cuando la red vuelva a ser puesta a prueba.
