Escultura submarina de Atabey, símbolo ecológico y cultural de Sosúa, rodeada de corales y peces tropicales.
Escultura submarina de Atabey, símbolo ecológico y cultural de Sosúa, rodeada de corales y peces tropicales.

Atabey: Sosúa debate el futuro de su diosa submarina

La posible remoción de la estatua submarina de Atabey divide a Sosúa entre ecología, cultura taína y turismo sostenible.

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Sosúa, una de las bahías más emblemáticas del norte dominicano, vive una controversia que ha cruzado del fondo del mar a las redes sociales y los pasillos institucionales. La decisión de las autoridades municipales de retirar la estatua submarina de Atabey, instalada hace casi una década como símbolo de equilibrio entre arte, espiritualidad taína y conservación marina, ha provocado una oleada de reacciones entre ambientalistas, artistas, hoteleros y ciudadanos.

En pocas horas, la noticia generó un intenso debate que agrupó a buzos, ecologistas y figuras del turismo. En un país donde la relación con el mar es tan vital como simbólica, la diosa Atabey ha vuelto a encarnar —esta vez, desde las profundidades— un conflicto entre desarrollo, identidad y medio ambiente.

La decisión que agitó las aguas

Fotografía cortesía de la buceadora Maripili Mendoza, compartida con el periódico elCaribe.
Fotografía cortesía de la buceadora Maripili Mendoza, compartida con el periódico elCaribe.

El 30 de septiembre, el Consejo de Regidores de Sosúa aprobó una resolución para retirar la estatua submarina de Atabey ubicada en la bahía local desde 2020. La pieza, de 16 pies de altura, fue instalada por la Fundación Maguá y Global Coralition, con el apoyo del Centro de Innovación Atabey, como parte de un programa de restauración ecológica y educación ambiental. Más que una escultura, la instalación se concibió como un arrecife artificial destinado a regenerar la vida marina y atraer turismo sostenible.

El equipo que en 2023 trabajó en el asentamiento marino de la estatua de Atabey
El equipo que en 2023 trabajó en el asentamiento marino de la estatua de Atabey

Sin embargo, la intervención del regidor Francisco Martínez, respaldada por cartas del sacerdote Jhonny Espinal Castillo y del pastor Severo Cordero Capellán, derivó en la aprobación unánime de su retiro bajo el argumento de que el monumento “atenta contra las creencias cristianas” de la comunidad.

Ciencia y mar: el valor ecológico de la escultura

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La función ecológica de la estatua no es menor. Según datos recopilados por buzos e investigadores, el cuerpo de Atabey se ha convertido en un soporte de crecimiento para corales duros del género Acropora, así como esponjas, algas marinas y pequeños crustáceos. La base de la estructura, diseñada con cavidades irregulares, permite el anidamiento de peces juveniles y moluscos.

Los arrecifes artificiales como Atabey ayudan a distribuir la presión turística y pesquera sobre ecosistemas naturales, al ofrecer nuevos puntos de buceo y refugio para la fauna. De acuerdo con estudios de Reef Check, la bahía de Sosúa alberga uno de los ecosistemas más frágiles del litoral norte dominicano, sometido a sedimentación, contaminación costera y sobrepesca.

En ese contexto, la escultura no solo cumple una función estética o cultural, sino también una función ecológica comprobada, al fomentar la recuperación de un entorno degradado.

Ejemplos internacionales refuerzan este argumento: el Museo Subacuático de Arte (MUSA) en Cancún, con más de 500 esculturas sumergidas, ha logrado aumentar la cobertura coralina en zonas afectadas, y el proyecto Ocean Atlas en Bahamas es hoy un santuario de biodiversidad marina. Sosúa, sostienen los defensores de Atabey, podría consolidarse como un modelo dominicano de ese mismo concepto.


Atabey, la madre de las aguas

Fotografía cortesía de la buceadora Maripili Mendoza, compartida con el periódico elCaribe.
Fotografía cortesía de la buceadora Maripili Mendoza, compartida con el periódico elCaribe.

Según las crónicas del fraile Ramón Pané, considerado el primer etnógrafo del Nuevo Mundo, Atabey era la madre de Yocahú, señor de la yuca, y principio de todos los dioses del panteón taíno. Pané la describe como “la Madre de las Aguas”, protectora de los ríos, los lagos y las parturientas. Asociada a las ranas —símbolo del inicio de las lluvias—, su figura era reverenciada por las mujeres taínas como fuente de fertilidad, equilibrio y vida.

Según el Centro Cultural Taíno Casa del Cordón Atabey, también conocida como Atabex o Atabeyra, representaba la energía creadora del universo. Su culto revelaba una cosmovisión matriarcal, donde lo femenino no era subordinado, sino el eje del mundo espiritual y natural.

La arqueóloga Lynne Guitar ha destacado que esta diosa simbolizaba el respeto hacia la mujer dentro de la estructura social taína, como dadora de vida y guardiana de los recursos naturales. “Atabey es la raíz del pensamiento ecológico precolombino”, escribió Guitar en sus estudios sobre la cultura taína (2002).

Fotografía cortesía de la buceadora Maripili Mendoza, compartida con el periódico elCaribe.

Religión y cultura en el centro del conflicto

El debate se encendió de inmediato. Mientras sectores religiosos calificaron la escultura como un acto de “idolatría”. Otros consideran la decisión un retroceso en materia de libertad cultural y de culto, protegida por la Constitución dominicana.

En contraste, historiadores y antropólogos sostienen que la figura de Atabey no representa un culto religioso, sino un símbolo cultural y educativo de la cosmovisión indígena del Caribe.

La estatua de Atabey no solo cumple una función simbólica, sino también ambiental. Según estudios de la Fundación Maguá, el monumento ha favorecido la formación de hábitats marinos y el asentamiento de especies de coral y peces en una bahía afectada por la erosión y la contaminación.

La educadora e investigadora ambiental María Teresa Pérez Pagán, reconocida por su labor en el programa Eco Ernesto Visita, defendió públicamente la permanencia de la escultura:

“Desde una mirada científica y ecológica, estructuras como esta pueden funcionar como arrecifes artificiales que favorecen la biodiversidad marina. Atabey representa una oportunidad para fortalecer la educación ambiental, la identidad cultural y el turismo sostenible”.

María Teresa Pérez Pagán

Pérez Pagán advirtió además que retirar la estatua sin un estudio técnico podría alterar el microecosistema ya establecido:

“Más que eliminarla, debemos convertirla en un símbolo de unión entre el arte, la ciencia y la cultura dominicana. Atabey nos recuerda que el agua, la vida y la naturaleza son parte esencial de nuestra herencia”.

María Teresa Pérez Pagán
Fotografía cortesía de la buceadora Maripili Mendoza, compartida con el periódico elCaribe.

El turismo y la economía local, los grandes olvidados

La ruta de buceo a Atabey es uno de los mayores atractivos en Sosúa. Video: Maripili Mendoza

La buceadora Maripili Mendoza, testigo directa del impacto de la obra, también se pronunció en defensa de la estatua:

“Dejen el fanatismo religioso a un lado. Atabey no es solo una escultura que mantiene vivas nuestras raíces taínas, también es la casa de muchos peces y corales. Promueve el turismo y da de comer a los locales que viven de esta actividad”.

Maripili Mendoza

El retiro de la estatua —de concretarse— afectaría una red de guías turísticos, pescadores y operadores de buceo que dependen del atractivo submarino. Para muchos, el monumento representa un ejemplo de cómo el arte y la ecología pueden impulsar la economía costera sin dañar el entorno.

Fotografía cortesía de la buceadora Maripili Mendoza, compartida con el periódico elCaribe.

El conflicto de Atabey en Sosúa trasciende la discusión religiosa. Lo que está en juego es la capacidad de la República Dominicana para integrar su diversidad espiritual, su memoria histórica y sus desafíos ambientales.

El Caribe fue y sigue siendo una cuna de culturas sincréticas, donde el catolicismo, las tradiciones africanas y las raíces taínas convivieron en un mismo imaginario espiritual. Negar uno de esos elementos —especialmente el indígena— supone una forma de amnesia cultural que empobrece la identidad nacional.

Por otro lado, la creciente influencia de sectores religiosos en la política local abre un debate sobre la laicidad del Estado dominicano y la autonomía de sus instituciones municipales frente a dogmas particulares. En un país donde coexisten múltiples creencias, las decisiones públicas deberían sustentarse en criterios científicos, patrimoniales y legales, no teológicos.

Fotografía cortesía de la buceadora Maripili Mendoza, compartida con el periódico elCaribe.

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