Katherine Hernández: «Mi prioridad siempre será el periodismo»

La periodista Katerine Hernández reflexiona sobre su experiencia como maestra de ceremonias durante la 81ª Asamblea General de la SIP

Katherine Hernández dice que conducir el evento de la SIP fue un honor y una gran oportunidad.
Katherine Hernández dice que conducir el evento de la SIP fue un honor y una gran oportunidad.
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La periodista Katerine Hernández reflexiona sobre su experiencia como maestra de ceremonias durante la 81ª Asamblea General de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), celebrada en Punta Cana, y sobre los retos que enfrenta hoy la profesión.

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¿Qué significado tuvo para ti participar como maestra de ceremonias durante los cuatro días de la 81ª Asamblea General de la Sociedad Interamericana de Prensa en Punta Cana?

Fue una experiencia profundamente enriquecedora, tanto desde lo profesional como desde lo humano.
Esta edición de la Asamblea tuvo un contenido especialmente reflexivo. Una de las intervenciones más potentes fue la de la secretaria general adjunta de la OEA, quien además es periodista. Ella trazó un paralelismo muy interesante entre la crisis del periodismo y la crisis del multilateralismo, recordándonos que ambos necesitan reconectar con las demandas de una ciudadanía cada vez más exigente, que espera de nosotros capacidad de escucha, empatía y compromiso con los problemas reales que la afectan.

Esa frase me marcó porque, efectivamente, hoy el periodismo enfrenta ataques en prácticamente todos los países del hemisferio. La Asamblea sirvió para hacer una radiografía muy clara de las amenazas que existen contra la libertad de prensa. Resulta preocupante ver que incluso en países donde se había gozado históricamente de un ejercicio pleno, como Estados Unidos, hoy se perciben amenazas de censura, multas y hasta la posibilidad de retiro de concesiones.

También fue motivo de reflexión el discurso del presidente argentino Javier Milei, quien utilizó la frase “no odiamos suficiente a los periodistas”, una declaración que revela el nivel de confrontación que algunos líderes mantienen con los medios. Y, por supuesto, continúan las amenazas más graves y persistentes en países como Venezuela, donde hay más de 18 periodistas detenidos; Guatemala, donde un comunicador lleva más de dos años en prisión; y Nicaragua, donde se siguen produciendo detenciones arbitrarias y violaciones a derechos fundamentales. Por eso conducir esta Asamblea fue, además de un honor, una oportunidad para reafirmar mi compromiso con la defensa de la libertad de prensa. Estar allí, al frente de un foro que reúne a los principales líderes de medios del continente, me permitió escuchar, aprender y conectar con colegas que, desde distintas realidades, siguen creyendo, como yo, que la verdad y la democracia van de la mano.

Has participado en coberturas internacionales de alto nivel, como la Asamblea de la ONU, y ahora asumes una maestría de ceremonias de esta magnitud. ¿Cómo se diferencia tu preparación en ambos escenarios?

(Ríe) Bueno, lo primero que podría decir es que una de las grandes diferencias está… ¡en los zapatos! Para una cobertura periodística uno siempre busca estar cómoda, con calzado que le permita moverse con agilidad, correr detrás de una fuente o sostener largas jornadas. Pero en una maestría de ceremonias, además de estar preparada e informada, hay que cuidar la presencia, la formalidad y los detalles. En eventos tan exigentes como este, que se extendió durante cuatro días, el desafío también es físico. El jueves, por ejemplo, desde el mediodía ya estábamos en preparativos, ajustando guiones, repasando la agenda y coordinando con el equipo técnico. Desde días antes venía estudiando el programa, leyendo los temas y actualizándome, porque además soy miembro de la SIP, lo que me permite conocer la dinámica y el contexto. Pero una vez en el escenario, hay que estar impecable, con buena energía, voz firme y una actitud que refleje el espíritu del evento. Es un reto distinto, pero igual de apasionante.

¿Has pensado dedicarte exclusivamente a la maestría de ceremonias?

De ninguna manera. Mi prioridad siempre será el periodismo. Ser periodista es mi vocación y mi oficio a tiempo completo. Sin embargo, debo reconocer que conducir este tipo de eventos también brinda oportunidades muy valiosas. Te permite acercarte a personalidades con las que normalmente no puedes compartir con tiempo o informalidad, y eso enriquece mucho la profesión. En mi caso, me dio la posibilidad de conectar con periodistas que tienen preocupaciones similares a las mías, con quienes incluso podrían surgir colaboraciones o proyectos conjuntos en el futuro.

Además, hay un componente educativo importante: cuando uno presta atención, aprende. Escuchar con detenimiento las ponencias, los debates y las reflexiones de colegas con tanta experiencia te permite absorber conocimiento y nutrirte profesionalmente. Y también amplía una agenda de contactos que, bien cultivada, puede generar nuevas oportunidades para seguir fortaleciendo el periodismo desde distintas trincheras.

En esta Asamblea se discutieron temas como inteligencia artificial, sostenibilidad de los medios y libertad de expresión. ¿Qué reflexiones te deja eso como periodista?

Creo que los retos son enormes, pero también esperanzadores. Escuchar a colegas preocupados, pero sobre todo ocupados en encontrar fórmulas sostenibles para el futuro de nuestros medios, fue alentador. La inteligencia artificial está transformando nuestras rutinas, pero también nos impulsa a reafirmar lo que las máquinas no pueden sustituir: el criterio humano, la sensibilidad y la capacidad de contextualizar.

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¿Qué momento te marcó más durante esos cuatro días de trabajo?

Como venezolana y periodista que también vive en el exilio, fue muy emotivo reencontrarme con colegas que, desde distintos países, siguen ejerciendo su oficio con enorme compromiso. Me alegró mucho conversar con Luz Mely Reyes, fundadora de Efecto Cocuyo, quien ganó uno de los premios de excelencia de la SIP por un artículo impecable sobre la situación de Venezuela. Compartimos preocupaciones comunes, como las que viven cientos de periodistas venezolanos que hoy trabajan fuera de su país.

También fue muy enriquecedor conversar con Boris Muñoz, fundador de la página en español de opinión de The New York Times y actual columnista de El País. Con él abordé el papel del periodismo de opinión, un terreno en el que actualmente también me desempeño a través de Despierta con CDN. Es un espacio que me ha permitido analizar y evaluar las columnas que circulan en la prensa dominicana y regional, buscando siempre mayor rigor, mejores narrativas y fórmulas que eleven la calidad del debate público.

La organización del evento fue impecable. ¿Qué destacarías del equipo que hizo posible esta Asamblea?

Fue una producción extraordinaria. Quiero destacar el liderazgo de Persio Maldonado y de la Sociedad Dominicana de Diarios, que lograron traer a nuestro país un evento de esta magnitud con una agenda tan completa. También el trabajo de Stella León, como productora ejecutiva, y de René Brea, como productor general, quienes imprimieron un sello de excelencia en cada detalle.

Igualmente, resalto el acompañamiento y la visión de Carlos Lauría, director ejecutivo de la SIP, así como la cercanía y amabilidad de José Roberto Dutriz, presidente de la SIP, quien tuvo gestos muy generosos con todo el equipo y los asistentes. Esta experiencia me permitió valorar una vez más la enorme calidad del talento dominicano en la producción de eventos, y también el compromiso continental de quienes lideran esta institución con la libertad de prensa y la excelencia profesional.

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¿Qué te deja esta experiencia en términos profesionales y humanos?

Me deja gratitud y compromiso. Gratitud con la SIP y con el comité organizador por confiar en mí para conducir un evento de tanta relevancia, y compromiso para seguir ejerciendo un periodismo que honre esa confianza. Más que un cierre, esta experiencia es un impulso para continuar creando espacios donde la verdad, la ética y el respeto sigan siendo el centro de todo lo que hacemos.

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