Líderes religiosos y figuras políticas coinciden en que la transformación del individuo a través de la fe es la herramienta más efectiva para mitigar la delincuencia en el país.
En una nación donde la inseguridad ciudadana lidera sistemáticamente las encuestas de preocupación social, ha emergido una fuerza que no porta uniformes ni armas de fuego, pero que reclama ser el “muro de contención” definitivo frente al crimen: la comunidad evangélica.
Mientras el Estado dominicano redobla esfuerzos por frenar los índices delictivos en los sectores más vulnerables, las iglesias han trascendido su rol litúrgico para convertirse en piezas estratégicas de una compleja maquinaria de cohesión social.
Durante el Décimo Desayuno Nacional de Oración por la Nación, el liderazgo cristiano reafirmó que la solución a la delincuencia no es solo una cuestión de patrullaje, sino de transformación interna.
La transformación como política de seguridad
Lorenzo Mota King, director ejecutivo del Servicio Social de Iglesias Dominicanas (SSID), sostiene que la iglesia opera donde las estadísticas suelen rendirse. “La iglesia es un muro de contención para la violencia y la drogadicción porque transforma al individuo. Un delincuente que se convierte al evangelio deja de ser una carga para el barrio y se convierte en un ciudadano de bien con temor a Dios”, afirmó con contundencia.
Para Mota King, el impacto es preventivo y restaurador: la fé logra que el individuo abandone la conducta antisocial de manera voluntaria y permanente, algo que el sistema carcelario rara vez consigue.
Crítica a la reforma policial
Sin embargo, no todo es complacencia. El reverendo Reynaldo Aquino, directivo de la coordinación del evento, lanzó una crítica directa a las estrategias estatales actuales. A su juicio, la persistente violencia es el síntoma de un modelo agotado.
“La violencia actual nos dice que la reforma policial fracasó. Hay muchos anuncios y seminarios, pero poca acción transformadora”, sentenció Aquino. El líder religioso denunció una “deuda social acumulada” y criticó la creación de instituciones que, según sus palabras, consumen presupuestos sin generar políticas reales de cambio en salud mental o acompañamiento a vulnerables.
Para Aquino, la unidad de los sectores justicia, congreso, empresarios y fe, es la única vía para proyectar una visión de paz sostenible.
Dos millones de evangelicos
El músculo político y social de este sector no es despreciable. Con una población que supera los dos millones de creyentes, el sector evangélico busca consolidar su influencia en la agenda pública.
Pelegrín Castillo, presidente de la Fuerza Nacional Progresista, subrayó que esta masa crítica es capaz de transformar el país si se dejan de lado los intereses particulares. En esa misma línea, desde la oposición, Rafael Paz (Fuerza del Pueblo), instó al Gobierno a aprovechar la “capilaridad” de las iglesias.
“El Estado debería utilizar más a las iglesias en los campos y barrios; su relación directa con la comunidad es clave para asegurar el territorio”, manifestó Paz.
Un clamor por la sabiduría
El encuentro, que contó con la presencia de altos funcionarios, legisladores y diplomáticos, culminó con un acto simbólico de intercesión.
La oración principal fue dedicada al presidente Luis Abinader, pidiendo “sabiduría divina” para enfrentar los males que aquejan a la sociedad dominicana, en un momento donde la fe parece querer llenar los vacíos que la política aún no logra cubrir.
De la oración a la acción
La estrategia ha pasado de la oración a la operatividad. Milciades Franjul, enlace entre las iglesias evangélicas y el Poder Ejecutivo, reveló que a través del Gabinete de Familia se implementa un plan piloto que integra a congregaciones y juntas de vecinos.
“Ellos representan nuestra fuerza de choque. El objetivo es trabajar directamente con los jóvenes en los barrios, priorizando a aquellos que aún no se han contaminado para que se conviertan en multiplicadores del mensaje de prevención”, explicó Franjul.
