Más basura que escuelas: un rincón donde los vertederos crecen más rápido que los niños

Bolsas rotas, cartones mojados y restos de comida se esparcen por las aceras, como parte del entorno habitual…

En plena vía, la basura ya no espera por camiones, se acumula sola en las calles. El vertedero improvisado se extiende junto a las casas, formando un paisaje cotidiano, donde los niños crecen con más desechos que oportunidades.

Bolsas rotas, cartones mojados y restos de comida se esparcen por las aceras, como parte del entorno habitual. No hay parques seguros ni centros comunitarios. Lo que sí abunda es basura.

Así llegamos a una zona situada en una ladera próxima al puente Gregorio Luperón, también conocido como puente de La Barquita, que conecta Sabana Perdida con Los Mina. Este puente cruza el río Ozama y su inauguración fue en 1978 durante el gobierno de Joaquín Balaguer. Su nombre popular, «La Barquita», proviene de la barcaza de madera que se utilizaba anteriormente para cruzar el río en esa zona. Allí, entre montes y caminos polvorientos, los niños crecen entre la basura y el descuido.

La basura gana espacio a la educación

“Los jóvenes no tienen nada en que apoyarse, por ejemplo un curso técnico que se le pueda impartir aquí abajo, para que no estén todo el tiempo vagos porque el momento de ocio es lo más peligroso para los jóvenes.”, expresó un residente.

En toda la zona solo opera una escuela. Muchos jóvenes sin espacios de desarrollo se pierden entre los arbustos, consumiendo drogas lejos de la mirada pública. A pocos metros, un vertedero desbordado salta a la vista, una camioneta vieja oxidada, montones de retazos de ropa entremezclados con todo tipo de desperdicios. A lo lejos, una iglesia se divisa en medio del monte entre senderos inseguros y de difícil acceso, con un camino que da miedo recorrer.

“A veces son las 1:00 am y hay personas que pagan para que le voten la basura, nadie se va a levantar y buscarse un problema a esa hora, al parecer eso es un mal de nunca acabar”. dijo un habitante.

Residentes aseguran que, tras el desalojo de las personas que vivían a orillas del río, las cuales trasladaron a la Nueva Barquita, la zona ha experimentado mayor tranquilidad en términos de delincuencia. Desde entonces, declararon el área como zona verde.

En este rincón del Gran Santo Domingo, donde la infancia apenas sobrevive, se hace evidente el bajo nivel de educación y conciencia ciudadana. A pocos pasos, un parque en ruinas sirve como refugio para quienes encuentran un escape en el vicio.

Posted in País

Más de panorama