luto. El historiador y catedrático, Frank Moya Pons, leyó el panegírico del jurista, historiador y profesor, Wenceslao Vega Boyrie, quien falleció a los 93 años, y que colocamos a continuación.
Amigos y hermanos:
Aquí estamos, nuevamente, entregándonos a la superior voluntad de la Providencia para despedir a nuestro querido hermano y amigo Wenceslao, quien desde ayer mora entre los seres queridos que lo trajeron a este mundo en compañía de sus santos guías y protectores que Dios le ha asignado para hacer una nueva ruta por el reino del espíritu.
A pesar de las apariencias, Wenceslao no ha muerto. Ha pasado al Otro Lado después de haber completado su arco de vida recogiendo en Este Lado las lecciones de las experiencias humanas que le tocaba vivir para continuar creciendo espiritualmente ante los ojos del Señor.
¡Y vaya, cuántas y cuán diversas fueron esas experiencias! Nacido en el año 1932, Wences vivió casi un siglo en plenitud de vitalidad. Hizo su infancia durante la Gran Depresión Mundial. Habiendo terminada su adolescencia, conoció y combatió, pagando un alto precio, la dictadura que acogotó el país por 31 años. Presenció el nacimiento de la democracia dominicana; estudió y aprendió las leyes de su país y se hizo experto constitucionalista; ejerció el derecho honradamente; formó dos familias y crio sus hijos, hijos inteligentes como él, cultivó amigos que lo admiraron y gozaron de su franca amistad; escribió y publicó diez libros y una docena de artículos académicos originales y, por sobre muchas otras cosas, fue un pariente leal y discreto. En fin, fue un hombre productivo, muy productivo.
Uno de sus amigos, ayer, al enterarse de su partida, escribió diciendo que Wences fue un “hombre intachable, de hondas fibras humanas. De amplias luces. Patriota… Humilde y solidario. Amigo auténtico”.
Sí, así fue. Y por esas y sus demás virtudes sus colegas juristas lo homenajearon hace tres años con la publicación de una antología académica titulada Liber Amicorum: Las bases históricas y constitucionales del derecho público. Años antes, la Academia Dominicana de la Historia, hoy compungida, lo había exaltado al sitial de miembro de número.
Ante la noticia de su fallecimiento, otro amigo se apresuró a publicar un elogio de su amplia obra jurídica señalando que “la República Dominicana tiene hoy una bibliografía jurídica e histórica más sólida porque Wenceslao Vega Boyrie decidió escribirla. Antes de sus libros esa historia existía dispersa en archivos, sentencias y documentos que nadie había sistematizado para el lector universitario. Él lo hizo con rigor y sin apresuramiento durante más de cuatro décadas”.
Es muy cierto ese juicio, como también es muy cierto que Wenceslao fue un decidido patriota que se unió al Movimiento Clandestino 14 de Junio para derrocar la tiranía de Trujillo y pagó esa osadía con un encarcelamiento acompañado de tortura inenarrables.
A pesar de esa traumática experiencia, Wences nunca dejó de ser el jovial amigo o compañero que expresaba con claridad y libertad sus opiniones, casi siempre en frases cortas emitidas “sin temor ni favor”, fundamentadas en su propia verdad de la cual Wenceslao era ferviente buscador y cultivador. Nunca escuché a Wences hablar con rencor de aquella experiencia.
Quiero dejar testimonio de que he conocido pocas personas tan honradas intelectualmente como Wenceslao. Su vida es un ejemplo de lo que Mahatma Gandhi llamó “un experimento con la verdad”. Eso era Wences, un hombre de una sola fibra, la fibra de la verdad.
Nos conocimos en enero de 1973. Nos presentó nuestro primo común Máximo de Moya, un día en que ambos visitábamos su laboratorio. Desde entonces la nuestra fue una amistad sin fisuras. Intercambiábamos libros y escritos, y él tenía acceso abierto a mi biblioteca para documentar algunos de sus textos históricos.
Agradezco que Nereyda, sus hijos, Bernardo y Soledad me hayan pedido pronunciar estas palabras que, a pesar de la hondura de mis sentimientos, siento que no tienen el vuelo para hacer justicia a la inmensa calidad moral e intelectual de Wenceslao.
Ahora, permítanme hablarle a Wences, quien todavía nos escucha, para agradecerle las lecciones que nos dio con su amistad, sus bondades y su lealtad a la verdad. Y pedirle que en su tránsito hacia las “mansiones del alma” de que nos hablaba Santa Teresa de Jesús, se mantenga atento a sus santos guías que lo han recibido ya para llevarlo al seno de la Divinidad.
Amén.
