Uno de los grandes problemas que enfrenta el país es la recolección de residuos sólidos. La ciudadanía tiende a identificar si un alcalde o alcaldesa es bueno o malo en función de su gestión en la recolección de basura. Sin embargo, durante mucho tiempo hemos observado que, desde la ciudadanía, solo hay un sentido de reclamo de derechos, sin la intención de cumplir con lo mínimo que nos corresponde.
Es crucial aprender los horarios en los que pasa el camión de recolección de basura, sacar los desechos a la hora adecuada. También debemos evitar tirar residuos sólidos en lugares que no están establecidos como puntos de recogida.
En esta dinámica, existe una importante cuota de responsabilidad de quienes habitamos los hogares, de las instituciones, de los centros de estudio y, en general, de la sociedad.
Partiendo de los desafíos que nos plantea este 2026 en torno a la municipalidad, uno de ellos es el cumplimiento progresivo de la Ley 98-25 sobre Gestión Integral y Coprocesamiento de Residuos Sólidos, cuya intención principal es erradicar el problema de la basura en nuestra sociedad.
Esta ley, recientemente promulgada el pasado 15 de diciembre por el presidente Luis Abinader, establece que las alcaldías y distritos municipales cuentan con un plazo de 36 meses para implementar la clasificación y separación de los residuos en el lugar donde se generan.
Es un indicativo claro de que, en lugar de depositar la basura como lo hemos hecho habitualmente, debemos tomarnos la delicadeza de separar o clasificarla.
La idea es que al separarla en orgánica, inorgánica, peligrosa y reciclable, las alcaldías puedan darle el manejo adecuado a estos desechos, lo que además podría facilitar el trabajo en las plantas de tratamiento.
Según datos del Ministerio de Medio Ambiente, el país genera cerca de 14,000 toneladas de residuos sólidos al día. ¿Se imaginan esto?
Las alcaldías, deberán desarrollar campañas orientadas a fomentar una cultura que, hasta el momento, no ha existido en el país. Pese a que algunas empresas e instituciones han trabajado durante años en programas piloto para crear conciencia al respecto, se necesita más.
Ha llegado el momento de que los ciudadanos contribuyan directamente a la limpieza de nuestras calles y avenidas, así como a la recolección y el adecuado manejo de los residuos sólidos. Sin duda, no solo se trata de pedir, sino de dar. Este paso, que puede ser positivo para el país, exige el compromiso de todos.
