En aquel tiempo, el Espíritu Santo llenó de alegría a Jesús

En aquel tiempo, el Espíritu Santo llenó de alegría a Jesús, que dijo: Yo te alabo, Padre, Señor del cielo…

En aquel tiempo, el Espíritu Santo llenó de alegría a Jesús, que dijo: Yo te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a los sabios y prudentes y se las has dado a conocer a los sencillos. Si, Padre, así te ha parecido bien”. Lc. 10: 21.

Puede ser un tartamudo, una humilde joven de una pequeña aldea, una mujer con un pasado cuestionado por la sociedad, un extranjero o una empobrecida viuda; para Dios no hay mejor ni peor, sus elegidos, aquellos que asumen la palabra del Señor, no responden a un perfil predeterminado por el poder, el estatus social, la condición económica o la raza.

Antes bien, Dios se complace en los humildes y sencillos. Cuando tú, intelectual, hombre o mujer de altos conocimientos, escuches hablar de Dios al ser humano más humilde, da Gloria a Dios, porque lo que aprenderás de él vale mucho más que toda la sabiduría que has acumulado.

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