El Banco Central, los salarios y el bienestar

En épocas recientes, una parte importante del establishment político en el poder ha venido aceptando la idea de que el crecimiento económico ha estado teniendo un impacto inaceptablemente reducido en el bienestar de la población. A la cabeza del&#8230

En épocas recientes, una parte importante del establishment político en el poder ha venido aceptando la idea de que el crecimiento económico ha estado teniendo un impacto inaceptablemente reducido en el bienestar de la población. A la cabeza del pelotón está el Gobernador del Banco Central quien, después de años de un autocomplaciente discurso sobre la robustez del crecimiento, admite su insuficiencia. Este ha sido un paso de avance.

El argumento de Valdez ha sido que los bajos salarios son la razón fundamental que explica la situación, y tiene razón. El trabajo y las remuneraciones laborales son el principal vínculo entre el crecimiento y el bienestar de las personas. Si como resultado del crecimiento los salarios reales no crecen, es muy difícil lograr que las personas se liberen de las privaciones a las que están sujetas, porque una parte importante de ellas tiene que ver con una reducida capacidad de compra de los ingresos.

La política fiscal y la política social también tienen importantísimos roles que jugar en transformar crecimiento en bienestar. La primera, porque debería permitir financiar con justicia la provisión de infraestructura, y de servicios públicos y sociales de alto interés. La segunda, porque además de aliviar situaciones humanas apremiantes, está llamada a crear capacidades en las personas para que puedan aprovechar las oportunidades. De esta forma, ambas políticas deben jugar roles complementarios al de un desempeño deseable en el mercado de trabajo que se refleje en aumentos sostenidos de los salarios reales.

Sin embargo, hay tres cosas que anotar. Primero, que no se trata sólo de salarios, sino también de empleos, algo que Valdez no menciona. En ese ámbito parece más bien mantener la línea de la autocomplacencia cuando destaca el número total de empleos netos creados. Desafortunadamente, como los propios datos del Banco Central indican, el número de empleos creados, unos 100 mil por año, son apenas suficientes para evitar que la tasa de desempleo aumente. Ese fue el número de empleos que el presidente Medina prometió crear anualmente durante su mandato, lo que significa que la promesa se limita mantener la situación del empleo, no a mejorarla. Valdría la pena que se reconozca que en este ámbito tampoco se ha logrado mucho, y que esto amerita una atención prioritaria.

Segundo, el reclamo del Gobernador del Banco Central es sobre el empresariado, no sobre el gobierno, siendo el caso que ambos tienen responsabilidades principales en esto. Por un lado, el gobierno ha sido un simple testigo en las negociaciones salariales, sin asumir posiciones que promuevan aumentos graduales y sensatos, pero sostenidos de los salarios reales. Esto favorece, de hecho, al sector patronal que se resiste a los incrementos. Si bien los salarios mínimos no son la única fuerza determinante de los salarios reales, y probablemente no es el factor más importante a largo plazo, sino la productividad y el desempleo, en el corto y mediano plazo pueden contribuir a incrementarlos y sostenerlos. Por otro lado, el salario mínimo del sector público está lejos de establecer ejemplo. De hecho, es el más bajo de todos. Tampoco allí el Estado ha jugado un rol positivo.

Tercero, el Banco Central ha argumentado que la productividad en la economía ha aumentado a lo largo de los últimos años, mientras los salarios reales se han mantenido estables y deprimidos. Eso significa que el crecimiento se ha traducido en aumento sólo de las ganancias por lo que hay espacio para aumentar los salarios. Eso también es cierto. Sin embargo, las cifras agregadas son insuficientes y hay que analizar en cuales sectores es que la productividad ha aumentado. Una mirada más detenida indica que actualmente el 72 % del empleo total se ubica en sectores de baja productividad (por debajo de la media), mientras un 27 % se ubica en sectores de alta productividad. Además, tres de los seis sectores en donde la productividad ha aumentado más en los últimos 15 años, minería, comunicaciones y banca, son intensivos en capital y crean pocos empleos, por lo que los aumentos de salarios en éstos tendrían efectos limitados, y en otros dos, agricultura y comercio, a pesar de generar muchos empleos, la productividad sigue siendo muy baja (menos de la mitad de la promedio), lo que supone, de todas formas, bajos salarios.

Lo anterior significa que la cuestión no se trata sólo de la productividad global y de crecer en general, sino que hay que crecer bien, en sectores que a la vez que generan empleos, incrementan su productividad. Esa es la forma de darle sustento de largo plazo a aumentos salariales.

Claramente, las políticas sectoriales no es tarea del Banco Central, pero ya que está preocupado por el tema, bien podría ponérsela más fácil al sector productivo y empleador, aminorando su obsesión con la tasa de cambio, relajando un poco la política monetaria y permitiendo menores tasas de interés.

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