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El Brexit, efectos de una promesa populista

La idea de una Europa fuerte, integrada como ente internacional monolítico fue siempre una de las brillantes concepciones de Winston Churchill. Sin embargo, no veía a esa Europa fundida en torno a otro país que no fuere Gran Bretaña. Por…

La idea de una Europa fuerte, integrada como ente internacional monolítico fue siempre una de las brillantes concepciones de Winston Churchill. Sin embargo, no veía a esa Europa fundida en torno a otro país que no fuere Gran Bretaña.
Por esa razón, cuando tuvo que decidir entre un imperio británico fuerte o ser parte en 1951 de la Comisión Europea del Carbón y el Acero – antecedente inmediato a la Comunidad Económica Europea (CEE) de 1957- prefirió no ser parte, después de todo, según él, los británicos “(…) estamos en Europa, pero no somos Europa. Estamos vinculados, pero no atados”.

Convencido de que podían contrarrestar la tendencia integracionista que parecía no dar importancia a ese “excepcionalismo británico” del que hacía gala Churchill, Reino Unido (RU) decidió en 1960 constituir la Asociación Europea de Libre Comercio, lo cual resultó ser un rotundo fracaso, convenciéndose así de la necesidad de ingresar a la CEE, con la intención de frenar desde dentro lo que no habían podido vencer estando fuera. Es así como luego de un peregrinar de 13 años, en 1973, entran a este esquema, desde donde nacería la Unión Europea que conocemos hoy.

Sin embargo, siempre ha existido en Reino Unido la tendencia a cuestionar su membresía en este esquema de integración, tanto así que dos años posterior a su ingreso, en 1975, ya estaban celebrando un referéndum para decidir sobre su permanencia en el mismo.

El referéndum del pasado 23 de junio es, en cambio, hijo del populismo de David Cameron, que en el 2013, en plena campaña para su reelección, aun cuando ha sido partidario de que Reino Unido se mantenga en la Unión Europea, decidió darle cabida a ese espíritu de centralismo británico para beneficiarse del apoyo del ala de su partido que, como una gran parte de la población, cuestionaba el presente estado de cosas con Bruselas.

Escogiendo este tema daba cabida además a un segmento societal amplio preocupado por una serie de elementos como la soberanía, pero principalmente por uno de los principios fundamentales que dan soporte a la integración europeísta, la libre circulación de personas.

La llegada a Europa de miles de refugiados que huyen de zonas de guerra o por situaciones de miseria tanto desde medio oriente como del norte de África, concomitantemente con el crecimiento del terrorismo y del fundamentalismo extremo comprometen seriamente la seguridad en Europa, algo que preocupa a Reino Unido.

Sin embargo, no puede ocultarse que David Cameron se involucró en una versión del populismo a todas luces demagógico y xenófobo que rechaza la primacía de la legislación europea, de igual forma que la burocracia de Bruselas, y repele la inmigración, sobre todo aquella que tiene que ver con los refugiados y desplazados de las famosas guerras contra el terrorismo, de cuya desolada suerte ha tenido las acciones de los líderes de Reino Unido mucho que ver.

El cumplimiento de la propuesta de campaña de Cameron y el triunfo del Brexit ha logrado no solo su renuncia, sino también que se esté trastocando todo un sistema con efectos demoledores sobre la economía de ese país, con consecuencias que todavía no se expresan de forma clara pero que sin lugar a dudas rediseñará sus relaciones comerciales, políticas y hasta culturales no solo con la Unión Europea sino también con muchos otros países alrededor del mundo.

Lo que trae el Brexit

Sigue siendo temprano para poder establecer de manera categórica cual será la situación luego del Brexit para Reino Unido, para la Unión Europea, así como para los socios de ambos, sin embargo, podemos hacer algunas inferencias.
Todos los pronósticos, aun los optimistas, coinciden en que este proceso significará un revés de importancia histórica para Reino Unido, pero también para el proceso de integración de la Unión Europea.

Reino Unido ha sido por siglos un aliado incondicional de los Estados Unidos y su importancia era indiscutible en el seno de la Unión Europea, pues, teniendo tantos puntos de vista coincidentes en su política exterior, el primero empujaba con fuerza desde dentro para temas como las sanciones a Rusia por el caso de Ucrania o las que reiteradamente se le han impuesto a Irán y el segundo gestionaba desde fuera en la misma dirección.

Esto podría cambiar en el escenario post Brexit. El propio Obama dijo en abril pasado en Londres que de prosperar el desgajo desde la Unión Europea esto colocaría a Reino Unido al final de la cola de intereses Estados Unidos sobre acuerdos comerciales, interesado más en expandir el comercio a nivel de bloques. Este tipo de declaración, en el fondo no solo se refiere a lo comercial, refleja de manera tácita la actitud de enfriamiento en las relaciones de todo tipo que se avecinan para ambos países y quizás la disminución de la importancia de RU en el plano internacional.

Sin lugar a dudas, el Brexit debilita grandemente la idea de una Europa integrada totalmente, por lo que el proceso de salida puede llegar a ser traumático no solo para Reino Unido si no logra negociar su acceso pleno al mercado único europeo, tal como lo hacen Noruega y Suiza, sino también para todo el resto del bloque que podría verse afectado por una repentina estampida de otros Estados.

La salida de un Estado recorta su contribución al presupuesto general de la UE lo que implica un aumento obligado en las aportaciones de otros países o la dramática reducción de sus gastos, incluyendo las partidas que destinan a la cooperación.

Es por eso que pienso que, aun cuando algunos países como Francia y Bélgica quieren un divorcio rápido de Reino Unido, el Consejo y el Parlamento Europeo, que según el artículo 50 del Tratado de Lisboa son los estamentos que deciden sobre la decisión de un Estado de abandonar la Unión Europea, se emplearán a fondo para hacer de este caso una experiencia ejemplarizadora que disuada a otros de querer seguir el mismo camino.

Reino Unido podría verse sometido a procesos secesionistas que generarían mucha incertidumbre a lo interno de la Unión Europea. Escocia, por ejemplo, que votó en un 62% del total de la votación alcanzada por el Brexit, a favor de la permanencia de RU en la UE, ha dicho que impulsará un referéndum para decidir sobre su independencia. Algo parecido sucede con Irlanda del Norte, los cuales una vez separados solicitarían su ingreso al esquema de integración, precedente que envalentonará a otros territorios como País Vasco y Cataluña a recorrer el mismo camino.

En términos económicos, según estudios del Centre for Economic Performance (CEP) del London School of Economics, los costos del Brexit traerán consigo una pérdida del 6.3% a 9.5% del PIB, lo que representa una reducción de alrededor de 4,200 a 6,400 libras esterlinas por hogar.

Dejaría de percibir beneficios que se prevén en las negociaciones del megaacuerdo de la UE con Estados Unidos, el TPP, así como del que negocia el bloque con Japón, acuerdos que podrían mejorar los ingresos reales de los países miembros de la Unión Europea en 0.6%.

La caída general del PIB, según estos estudios, entonces podría rondar los £ 26 mil millones a £ 55 mil millones, la mitad aproximadamente de la pérdida de ingresos que le generaría al resto de la Unión Europea combinado, que se calcula en un rango de £ 12 mil millones a £ 28 mil millones.

República Dominicana y el Brexit

El FMI ha dicho que el Brexit perjudicará a toda la economía mundial. Algo parecido ha expresado el bloque de países del G7 en el sentido de que esto tendrá devastadores efectos económicos alrededor del mundo.

A la República Dominicana no debe preocuparle solo el hecho de que pierde con Reino Unido las preferencias arancelarias establecidas en acuerdos anteriores, como es el caso del Acuerdo de Asociación Económica entre la Unión Europea y los Países del Cariforum (EPA), cuya recuperación es difícil de lograr en poco tiempo ya que no todos los días se negocia un acuerdo de libre comercio, sino también la reducción del flujo de divisas en la UE a raíz de las cifras antes citadas, lo que sin lugar a dudas reducirá las compras de mangos, bananos, etc.. y podría hasta limitar aún más los flujos de cooperación a los países ACP, de los que somos parte.

La cadena de suministro que pasaba desde nuestro país a Reino Unido y desde ahí a otros países de Europa se trastoca de forma traumática, no solo disminuyendo la afluencia sino también incrementando los costos en el comercio.

En un intercambio comercial actual superior a los US$400 millones anuales entre República Dominicana y Reino Unido, yo sí creo que es motivo suficiente de preocupación el actual estado de cosas en el continente europeo.

Mi sugerencia. No continuemos pensando que estamos blindados.

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