El 2012 es un período que tiene en común con los años 2000, 2004 y 2008 la realización de elecciones generales en medio de dificultades económicas. De las cuatro crisis económicas que han coincidido con los últimos procesos electorales, una fue de origen local. En sentido general, el país ha salido bien librado de esas situaciones.
En los procesos de los años 2000, 2004 y 2008, el segundo concluyó con crecimiento económico de recuperación, pues un año antes había decrecido.
Por lo general, los años electorales tienen en sentido general un comportamiento común, donde la economía tiene mayor impulso o dinamismo en la primera mitad y se desacelera en el segundo semestre.
Históricamente en tiempo de campaña el gasto, mayormente el público, aumenta, en ocasiones hasta a niveles de calentar la economía.
Durante el año 2000, la actividad económica cuantificada por la evolución del Producto Interno Bruto (PIB) real, presentó un crecimiento de 7.8%, nivel similar al registrado durante el año anterior, cuando la economía creció en un 8.0%.
El comportamiento del PIB durante ese año reflejó una desaceleración para el segundo semestre del 2000 con relación a los primeros seis meses de ese año, cuando la economía estaba registrando un crecimiento por encima del 10.0%.
En la segunda mitad el Gobierno aplicó medidas para enfrentar el impacto negativo provocado por el shock petrolero, el cual contrajo el dinamismo que venían exhibiendo algunas actividades económicas.
El resultado final del 2000, aún con la desaceleración en el último semestre, fue un crecimiento de 7.8%, el más alto de la región.
En el siguiente proceso electoral general, la economía dominicana terminó con un relativo bajo crecimiento de 2.0%, el cual fue definido entonces por el Banco Central como “una clara señal del proceso de recuperación que se registra desde mediados de año”.
En el 2004 la economía estaba bajo los efectos de la crisis bancaria local del 2003, que implicó que en ese año el PIB cerrara en rojo, negativo en 1.9%.
El 2004 tuvo un comportamiento atípico en tiempos electorales, porque el mayor crecimiento se produjo a partir del segundo semestre, pese a que en el primero se comenzó la recuperación. Entre enero y septiembre el PIB creció 1.4% y entre octubre–diciembre en 3.3%.
En la recuperación que se produjo en el 2004 influyeron, según estimaron las autoridades monetarias, varios factores que incidieron en un cambio de algunas variables económicas claves, como la tasa de cambio, el nivel de la inflación y el costo del dinero.
En ese año la economía local fue ayudada o influenciada por el dinamismo exhibido por la economía mundial, lo cual favoreció la demanda externa de bienes y servicios y la recepción de remesas.
La atadura de un contorno externo favorable desapareció, sin embargo, en el siguiente período electoral, el del 2008, cuando para entonces se hablaba de la crisis global, originada en los problemas del mercado inmobiliario norteamericano.
Ese año se caracterizó por un deterioro progresivo de las condiciones financieras a nivel internacional desatado por el colapso del mercado inmobiliario estadounidense, particularmente en las denominadas hipotecas subprime.
Una consecuencia contagiosa de esa crisis provocó una profunda crisis de liquidez y un limitado acceso al crédito, que empujaron a una desaceleración de la actividad económica a nivel global.
Y los altos precios del petróleo, alimentos y metales, que prevalecieron durante gran parte del año, profundizaron la incertidumbre vinculada al manejo de la política económica, esencialmente para economías emergentes como la dominicana.
El PIB dominicano cerró ese año con un crecimiento de 5.3%, el segundo mayor nivel de la región centroamericana, detrás de Panamá, que creció 9.2%.
El crecimiento experimentado por la economía dominicana desde la óptica del gasto, fue explicado principalmente por la demanda interna.
Para ese año las autoridades, en la medición de la economía, señalaron la ponderación del gasto final en el resultado del Producto, al atribuirle una expansión de 7.1%, inferior al crecimiento registrado en el 2007.
El 2008 fue un típico año electoral, con fuertes presiones inflacionarias en el primer semestre. El aumento de precio en el petróleo y otros bienes básicos de origen importado contribuyó a un sobrecalentamiento en la demanda interna.
En la segunda parte la tendencia cambió, por la agudización de la crisis financiera internacional, que conllevó a una baja sostenida del petróleo. l
