¡Emerge!

    Una diminuta semilla de mostaza cae a tierra desde la cúspide del árbol, muriendo y habitando en el subsuelo, luego es el más frondoso árbol del huerto, conquistando con los puños de sus apretadas raíces el terreno que la tragó.
    Igual sucede cuando entierran nuestras esperanzas, dejándonos frustrados e inertes, es allí donde la impotencia se convierte en violenta resistencia, mutando en descomunal osadía. Tales experiencias templan el carácter que empodera a un verdadero hombre con fe que nace de la muerte, vida que nace de la resurrección y justicia que emerge de una conciencia redimida. Un hombre de fe es mayor que su fe y que la grandeza hacia donde su fe lo lleva, pero un hombre sin fe, un día será menos que una semilla de mostaza. 

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