La suerte en Selecciones

En mi adolescencia, había un rincón en casa donde se acumulaban las revistas Selecciones. Llegaban puntuales, con ese olor a papel nuevo que para mí era casi un perfume. Eran, mucho más que lectura: eran la promesa de que, fuera del pequeño mundo donde vivía, existían historias, ideas y personas con vidas tan distintas como fascinantes. Abrir una de esas revistas era como abrir una ventana a otros lugares, a otras épocas, incluso a otras versiones posibles de mí misma.

Una tarde, hojeando sin buscar nada en especial, me encontré con un artículo sobre la suerte. Pensé que sería algo ligero, quizá una recopilación de supersticiones, amuletos, tréboles de cuatro hojas o coincidencias asombrosas. Pero no. Lo que encontré era muy distinto: decía que la suerte no era cuestión de azar puro, sino una combinación de preparación, atención y atreverse. Que, en realidad, las oportunidades prefieren a quienes están en movimiento, a quienes dicen “sí” aunque tiemblen de miedo.

Yo tendría unos catorce o quince años, y hasta entonces había creído que la vida venía más o menos decidida de antemano: tu entorno, tus recursos, tus posibilidades. Aquellas palabras fueron un sacudón. Cerré la revista y me quedé mirando por la ventana, como quien intenta procesar algo que no sabía que necesitaba escuchar. Sentí una mezcla extraña de libertad y responsabilidad: si la suerte podía fabricarse, entonces yo también podía salir a buscarla.

Sin darme cuenta, esa idea empezó a acompañarme. El concurso escolar al que dudaba inscribirme por miedo a hacer el ridículo… lo hice pensando que quizá era una oportunidad disfrazada. El proyecto que parecía demasiado grande para mis capacidades… acepté porque recordé que la suerte favorece a quienes están listos, no a quienes se esconden.

Años después, me di cuenta de que no recordaba el nombre del autor ni todos los ejemplos del artículo, pero sí recordaba la sensación física de estar recibiendo un consejo que podía cambiarme la vida si me lo tomaba en serio. Esa emoción de “esto es para mí” me marcó tanto, que hoy todavía la reconozco cuando un libro, una charla o una conversación despierta algo parecido.

Con el tiempo entendí que Selecciones fue, para mí, una especie de internet en papel. Entre relatos, curiosidades y consejos, iba encontrando piezas para armar mi propia manera de entender el mundo. Ese artículo sobre la suerte fue una de esas piezas esenciales, como un hilo que, una vez que lo jalas, empieza a tejer un camino nuevo.

Hoy, cada vez que alguien me dice que tuve suerte, sonrío. Porque sé que, en parte, sí… pero también sé que hubo una adolescente que, un día, decidió que la suerte no era algo que se espera, sino algo que se provoca. Y todo empezó en una página que, por alguna razón, decidí leer hasta el final.

Porque, al final, la suerte puede ser eso: encontrar las palabras que te empujan a moverte… y atreverte a dar el primer paso.

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